junio 20, 2024 1:45 pm

El porno de Erika Lust: donde la ética y el erotismo se abrazan

Querido lector o lectora: si nunca vio porno (algo improbable), en una de estas noches veraniegas sírvase una copa de vino y vaya a sumergirse en un mundo sensual y nuevo, el del porno de Erika Lust (Twitter @erikalust_ar). Si vio y algo le falta, si hubo algo que nunca pudo encontrar, una fantasía que no vio reflejada en el porno más difundido y tradicional, está ahí, esperándolo, aunque insista en que no, aunque dude de cuán especial pueda ser o aunque crea que sólo son historias románticas con escenas de sexo. A desmontar prejuicios y sumergirse.

Para abrirse a este arte, tan distinto de aquella pornografía que lamentablemente tomamos como la única, como la normal, como lo natural, es una ayuda poder desarmar algunas ideas y tener claros dos o tres conceptos centrales sobre lo que tienen para ofrecer Erika Lust y su equipo.

Según Noelia Benedetto, sexóloga, hablamos de porno “feminista o soft”. Pero ella prefiere “hablar de porno ético, porque si decís feminista, se obturan algunas miradas; y si decís soft, pensás que no vas a encontrar nada hard ahí, y sí hay”.

De hecho, consultada por VOS sobre qué es lo más importante para ella de la pornografía que hace, Erika Lust resalta: “Creo que es muy importante que la pornografía que hago en XConfessions, Lust Cinema y Else Cinema se produzca de forma ética. Hacer películas porno producidas éticamente significa que existe un entendimiento del consentimiento entre todos en el set, incluido todo el equipo, que necesita ser consciente de las complejidades inherentes del trabajo sexual. Mi equipo y yo debemos asegurarnos de que el set sea un entorno seguro y sin explotación, en el que los artistas puedan explorar su sexualidad de una manera cómoda y relajada”.

Hacer porno ético

¿Quién es Erika Lust, el nombre que más asociamos a este tipo de pornografía y cuyas plataformas están ahora en el país? Lust es una premiada realizadora indie de producciones eróticas, originaria de Suecia. Hace alrededor de 20 años que se dedica a este tipo de arte y tiene cuatro plataformas: XConfessions, Lust Cinema, Else Cinema y The Store. Además, es creadora de The Porn Conversation, un proyecto sin fines de lucro que ofrece información a padres y a educadores para hablar a las nuevas generaciones sobre sexo.

De esas plataformas, las dos primeras están disponibles ahora en Argentina. Básicamente, XConfessions se alimenta de fantasías que el público deja de forma anónima y de entre las cuales Lust y su equipo eligen una para llevar a la pantalla cada mes. ¿Tatuajes? ¿Surf? ¿Patines? Cualquier fantasía probablemente ya otro la haya tenido y esté reflejada en XConfessions. O no. Por otro lado, LustCinema tiene series, cortos y largometrajes originales. Porno, claro, pero también con una historia que las sostiene.

Tanto XConfessions como LustCinema agrupan sus producciones en categorías que uno esperaría: lésbico, grupal, BDSM, parejas, masturbación, etcétera. La primera tiene un valor de 3,95 dólares por mes en un plan de seis meses; y la segunda, de 5, 95 dólares por mes al contratarla por la misma cantidad de tiempo. Actualmente, ambas ofrecen acceso a una producción de forma gratuita.

A pesar de que las categorías pueden remitir al porno mainstream, al que estamos acostumbrados, ahí se acaban las semejanzas. “Hacer películas para adultos producidas éticamente también significa que todos los que participan en su realización son compensados y tratados adecuadamente. Hay muchas razones por las cuales pagar por la pornografía que consumimos: Se necesita dinero para pagar a los performers, el equipo, la posproducción y todos los colaboradores independientes de manera justa, y para garantizar que el trabajo sexual se realice en un entorno seguro”, explica Erika, para comenzar a desarrollar uno de los aspectos con los que más nos cueste romper, probablemente: así como pagamos por películas u otro tipo de placeres o arte, por el porno también.

Las plataformas ofrecen gran variedad y una buena usabilidad: subtítulos, memoria de qué se estaba viendo, adelantar y retroceder por segundos; además de comentarios dejados por el público y escenas de backstage o entrevistas con los performers.

Valores

“En principio, el porno mainstream apunta a ser una representación de fantaseo del típico varón cis. No hay representación de otras identidades más que varones y mujeres cis. Son representaciones coitocentristas. Por otro lado, los cuerpos que hay son generalmente esbeltos, tallados, jóvenes, está todo magnificado y exacerbado, desde tamaños, duraciones, métricas, fluidos, todo está intervenido y con fines de que uno lo consuma como naturalizado. Muestra mujeres como objetos de deseos y no como seres deseantes. Es raro también, por ejemplo, encontrar una imagen de arte sobre la estimulación del clítoris, por ejemplo. Casi siempre son primeros planos de genitalidades, pero muy falocéntricos”, explica Benedetto.

Claramente la visión de Lust y la relación a la que apunta con su arte, con su equipo y con su público es otra. Una cosa afecta directamente a la otra, y la forma en la que trabajan claro que se ve reflejada en el producto final. Porque, muy en el fondo, podemos reconocer realmente el placer en el rostro del otro, y ni todo lo artificial puede tapar lo auténtico. “Conocemos a los artistas a través de entrevistas, hacemos llamadas de Zoom con ellos y los conocemos en persona si podemos. Siempre nos aseguramos de que los artistas sean mayores de 18 años, que ya hayan tenido sus propias experiencias sexuales, sean sex-positive y estén 100 por ciento entusiasmados y seguros de ser parte del proyecto. No soy del tipo de personas que les pide a los artistas que vengan al set con su mejor lencería y listo. Me preocupo por que se sientan cómodos y seguros”, desarrolla Lust.

“Cuando ya tenemos el elenco para una película, nos encargamos de que los artistas se conozcan con anticipación, si es que aún no se conocen. Les preguntamos si les gustaría utilizar juguetes sexuales o accesorios, si quieren usar preservativo, y nos aseguramos de que con semanas de anticipación tengan un resultado negativo para las ITS. Y en este momento, también pedimos que tengan un hisopado negativo para Covid-19″, suma.

Además, cada práctica sexual es consensuada: “Todo lo relacionado con la escena de sexo debe ser discutido y acordado con los intérpretes antes de ir al set. Cuando estamos en el set, hablo con ellos antes de filmar, para asegurarme una vez más de que están de acuerdo con la escena que están a punto de realizar, y luego los dejo avanzar con su propio flujo”. A partir de ese momento, hay un componente muy personal que únicamente ellos pueden aportar: “Todas las escenas de sexo son freestyle, y eso es lo que las hace más realistas e interesante”.

Nuestra relación con el porno

Esta época está atravesada por una mayor libertad, pero también por muchas dudas. Exploración, pero también aprender a marcar límites. ¿Qué valor se le ha dado tradicionalmente al porno? “Hay una representación social en la que esto cae en una sexualidad no convencional. Hay una corrección política y moral al consumo, existencia y producción de la pornografía”, describe Benedetto. Y aclara que aunque “hay apropiaciones singulares”, en general “a nivel social sigue siendo tabú”.

Lust acuerda: “La pornografía se considera algo negativo frecuentemente. Hemos aceptado e internalizado una versión de la pornografía barata, tonta y poco realista durante demasiado tiempo, y es hora de que esto cambie. Es importante mostrar diferentes aspectos de la sexualidad y otras perspectivas cinematográficas. Es genial poder obtener más voces, más representaciones del sexo y la sexualidad, y más personas haciendo algo diferente a muchos de los estereotipos de pornografía producidos en masa en los sitios gratuitos”.

En contraste, Benedetto marca: “El porno ético me parece que, más que a la genitalidad, apunta a la erotización integral. Es un bombardeo desde lo estético, desde el arte a todos los sentidos. Aparte de mostrar corporalidades diversas y también con respecto a las identidades y orientaciones, cuenta con otro abanico de repertorio. También en dinámicas y prácticas. Hay guiones, otro tipo de guiones, hay una historia que no necesariamente está romantizada. Que sea feminista no implica un cruce con el amor romántico. No sigue una lógica heteronormativa”.

Y en cuanto al valor que el porno puede tener, señala: “Es un plus más que suma al fantaseo. Siempre y cuando yo lo consuma en términos de aspectos exploratorios, de expansión de mi erotismo, es un estímulo más. Mientras más estímulo le pueda poner a la experiencia sensorial que implican lo sensual y lo erótico, probablemente más placentero se vuelva. Pero hay una clara diferencia entre pensarlo como algo educativo a pensarlo como algo que me puede aportar a nivel de fantaseo y no hacer de esto un mandato o una imposición de seguir los cánones que se presentan ahí. Hay que poder desprenderse de que eso sea una impostura para nuestra vida cotidiana”.

Para cerrar, Erika Lust apunta: “Todavía tenemos un largo camino por recorrer antes de que veamos una sociedad verdaderamente positiva respecto al sexo, pero las cosas están cambiando para mejor. Hay más mujeres que reclaman el derecho a su propio placer y hay más formas en las que las personas pueden expresar su sexualidad, hay más aceptación. Al mismo tiempo, todavía hay mucha censura de contenido sexual, especialmente para las comunidades más marginadas. Me gusta pensar que la llamada ‘pornografía feminista’ o ‘ética’ está ayudando a normalizar una conversación abierta sobre el sexo, la sexualidad y las diferentes percepciones de género”.

En efecto, tenemos un largo camino por recorrer. Una posta en él puede ser aprender a ver otra pornografía, desear otro deseo, abrirnos a que los sentidos se estimulen de otra manera.

La Voz

Más Noticias