enero 30, 2023 2:55 pm

De la confianza a la traición: las claves de la perpetua a la cuidadora que mató a una anciana

Tres puntos vienen caracterizando, por lo general, los asesinatos de ancianas y de ancianos en sus domicilios en Córdoba. Primero, el móvil casi siempre fue el robo. Segundo, los ataques fueron brutales. Tercero, la traición viene estando presente.

Sucede que, por lo general, las víctimas terminaron siendo atacadas por personas conocidas a quienes les habían franqueado el ingreso a sus hogares precisamente por esa confianza.

Los asesinatos terminaron siendo el perverso modo de tratar de obtener la impunidad.

Todos estos puntos volvieron a quedar en evidencia en el caso de Hilda María Roteda, una mujer de 84 años que fue salvajemente asesinada en 2019 en la vivienda que alquilaba en la localidad de Pozo del Molle, en el departamento Río Segundo.

Aquel lunes 26 de agosto, el pueblo se estremeció.

Doña Hilda, una histórica vecina, fue hallada maniatada y amordazada con brutalidad en la habitación de huéspedes de la casa.

Allí la habían dejado tirada los asesinos, tras revolver la pieza matrimonial en busca de dinero. No les fue fácil encontrar los 6.000 pesos.

La mujer ya había descubierto que alguien de su círculo cercano le robaba, por lo que había decidido cambiar los billetes de escondite.

Veintiséis meses después, aquel brutal asesinato tuvo justicia: Estefanía Marilín Cecilia Peralta (32), la mujer que cuidaba a doña Hilda, fue hallada culpable del asesinato.

La Cámara del Crimen de Villa María la sentenció a prisión perpetua por homicidio criminis causae (cuando se mata para buscar la impunidad).

Junto a ella fue hallado culpable un amigo suyo, de 17 años.

Por ser menor de edad, no se le impuso pena. Sus antecedentes fueron girados a un Juzgado de Menores.

Estefanía no era cualquiera en la vida de doña Hilda. Desde hacía varios años, la cuidaba en su casa.

De esa confianza, según el tribunal, sobrevino la traición final.

Si bien restan conocer los fundamentos de la sentencia, está claro que los jueces y el jurado popular avalaron la posición del fiscal de Cámara, Francisco Márquez.

A traición

Fue la propia asesina, para la Justicia, quien hizo que se descubriera todo. Aquel lunes, la joven llegó a la casa de doña Hilda.

Al cabo de un rato, llamó a una nuera de la anciana y le dijo que estaba preocupada porque la vivienda estaba revuelta y doña Hilda no se encontraba.

A los pocos minutos, la familiar llegó y, para su espanto, no tardó en encontrar a la víctima.

La anciana yacía en el piso de la pieza de huéspedes.

La habían maniatado y amordazado con un trozo de bufanda. Además, la habían golpeado en la cabeza con brutalidad.

El forense determinaría luego que murió asfixiada.

La casa tenía mucho desorden. La típica escena de quien busca plata y joyas.

El lugar quedó repleto de policías, bomberos y funcionarios judiciales.

La joven cuidadora quedó bajo sospecha esa misma mañana.

“¡Trabaja acá, conoce toda la casa y dice que no ubicaba a Hilda”, le dijo una familiar de la víctima a los policías.

En un pueblo sacudido por el feroz asesinato, los pesquisas policiales comenzaron a trabajar y pronto centraron su investigación en torno a la cuidadora.

Se obtuvieron testimonios que sembraban sospechas sobre la joven.

Por caso, fueron varias las personas que aseguraban que ella “robaba” para vivir y que siempre se lo veía con un pibe de 17 años.

Un hombre fue más allá: indicó que “Cuti”, como se la conocía en Pozo del Molle, le ofreció robar dinero en la casa de la anciana, a lo que él se opuso.

Mientras la pesquisa se centraba en Estefanía, también se comenzó a investigar al muchacho que siempre andaba con ella.

Se trataba de un joven que trabajaba en una panadería y que el día del crimen, precisamente, llegó muy tarde al negocio.

En la investigación, hubo un testimonio trascendental para la fiscalía y que fue lapidario para el muchacho.

Fue realizado por un compinche del sospechado.

Según esta persona, el menor le habría relatado, ya sabiendo que la Policía estaba cerca, que “se había mandado una macana grande”. “Me mandé un moco grande”, le habría dicho.

Cuando le preguntó qué había hecho, según sus dichos, habría admitido el crimen.

Según la acusación, el sospechoso (antes de quedar detenido) terminó sindicando a Estefanía como la autora del homicidio.

Con todos esos elementos, la fiscalía los responsabilizó por el crimen y pidió la máxima condena para la mujer y que se declare la culpabilidad del joven de 17.

En el juicio, la joven siempre se abstuvo de declarar. En la última palabra, rompió en llanto.

Ninguno de los dos negó el crimen.

La petición fue aceptada por el jurado popular y el tribunal.

Restará ahora conocer los fundamentos en un par de semanas.

La Voz

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