enero 29, 2023 4:02 pm

Lo sagrado de una sinagoga

Entender qué significa una sinagoga no es algo sencillo. Empecemos por desmentir la idea de que está reservada para la comunidad judía. Ya está escrito en el libro del profeta Isaías (56:7): “…porque mi Templo será llamado casa de oración para todos los pueblos”.

Alguien podría argumentar que tales palabras son metafóricas… Escuchemos entonces de boca del Rey Salomón parte del discurso inaugural del Templo de Jerusalén (I Reyes 8:42-43) pronunciadas hace tres mil años: “Cuando un extranjero se acerque y ore en este templo, escúchalo desde el cielo donde resides y concédele todo lo que pida para que todas las naciones del mundo conozcan tu nombre y te respeten como lo hace tu pueblo Israel”.

Más allá de este curioso dato, sepamos que de los casi cuatro milenios que porta la familia judía, tan sólo podemos hablar específicamente de “sinagogas” recién en los últimos dos. Antes de la época de Jesús, es difícil rastrear la presencia de espacios de culto por fuera del Templo de Jerusalén, aunque de seguro los hubo.

¿En qué se basó entonces Salomón para diseñar el Templo? Lo sabemos: leyó los capítulos 25, 26 y 27 del Libro del Éxodo, donde está detallado hasta el más nimio de sus elementos.

La consigna inicial que Dios le impuso a Moisés y a Aarón fue: “Háganme un santuario para que Yo pueda residir en ellos” (Éxodo 25:8).

Una de las palabras clave de ese texto es “mikdash”, traducida como “santuario”. La idea judía de lo “santo” o “sagrado” implica una distinción exclusiva, una especie de apartamiento de aquello que parece –o directamente es– de su misma especie, a lo que se provee de un cuidado único y especial.

¿Dónde está entonces lo sagrado del “santuario”? Jamás en sus paredes ni en sus objetos. Lo sagrado estará –en todo caso– en y entre la gente, si es que la misma deja fluir la “Presencia Divina” en sus vínculos.

Por eso el versículo es extraño. Pareciera incluso que está mal redactado. Que debiera decir “Háganme un santuario para que Yo pueda residir en él”. Pero no. Definitivamente no. Cuando una sinagoga realmente honra su sentido es cuando en su interior –y desde allí hacia afuera– circula el respeto y el cuidado mutuo que conlleva lo divino.

* Rabino, miembro del Comipaz

La Voz

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