abril 20, 2024 11:47 pm

Una serie de acontecimientos negativos ocurridos últimamente y reflejados con mucha claridad a través de los medios de comunicación nos permiten tomar conciencia de la grave situación moral en la que hemos caído como sociedad.

Robos y asesinatos, que en algunos casos tienen que ver con conductas violentas producto del consumo indiscriminado de drogas; y en otros casos, con la falta de principios y valores en personas que cometen actos violentos.

La lectura de estos acontecimientos me lleva a compartir una reflexión.

Vivimos en una sociedad que está enferma. La enfermedad que padece la sociedad es de carácter psíquico. Y no tiene que ver con la política o la economía que tanto nos preocupa, sino con la pérdida de principios morales y reglas de conductas que hace tiempo desaparecieron, y que en algunos casos nunca existieron.

La verdad es que la moral está subestimada. Si la moral son las reglas o las normas por las que se rigen la conducta o el comportamiento de un ser humano en relación con la sociedad, frente a los tiempos que vivimos se ve que algo está fallando.

Esta falla se da en todos los ámbitos de nuestra sociedad y en diferentes áreas.

El materialismo ha hecho que el hombre se olvidara de Dios y que no lo reconociera.

Es muy difícil vivir sin reconocer a Dios, ya que la comunión personal con él es la que puede producir en el ser humano una verdadera transformación, un verdadero cambio interior, que es lo que realmente hoy se necesita.

Jesús dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma” (Mateo 11:28 y 29).

Los acontecimientos vividos afectan el interior del ser humano y producen un cansancio y un agobio que sólo Dios puede quitar, dando un verdadero descanso.

La intervención divina transforma al ser violento en un ser pacífico, en alguien que ya no es perjudicial, sino útil para la sociedad.

Hagamos autocrítica. Recibamos a Jesús y permitamos que él haga los cambios necesarios en nuestro interior, para que podamos vivir en una Nación donde cada vez haya menos violencia y más amor. Dios bendiga nuestra Nación.

* Pastor evangélico, miembro del Comipaz

La Voz

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