abril 20, 2024 10:33 am

En series: larga vida a la entrega semanal

Parece que fue en otra vida que había que esperar una semana por la llegada de un capítulo de nuestro programa favorito a la tele. Los que crecimos en los 1980 naturalizamos esa expectativa paciente, el suspenso de los finales, los comerciales insufribles, la obligación de la cita a una fecha y hora determinadas.

La alimentábamos, además, con curiosidad y especulación sobre los contenidos: nadie sabía que iba a pasar ya que nadie lo había visto todavía. No existía el spoiler ni las redes sociales que arruinarán el visionado de un show. “La tanguita, para la próxima semanita”, decía Noemí Alan en Hiperhumor, cuando dejaba incompleto el striptease hasta la futura emisión, sintetizando el estilo de emisión de esa época.

Cuando Netflix llegó para acaparar todo con su entrega completa, todo hacía pensar que estábamos frente a un cambio de paradigma. No fue hace mucho, pero lo suficiente como para haber cambiado comportamientos: maratonear una serie se convirtió en el nuevo deporte de este siglo. La oferta on demand y las redes sociales terminaron por marcar la cancha de un espectador que hoy consume cuando quiere y cómo quiere.

Estrategia que funciona

Pero hubo resistencia. Cuando todo hacía pensar que a el resto de las cadenas no les quedaba otra que comenzar a servir el banquete, así, todo junto, muchos siguieron respetando la entrega semanal, espaciada, como se hacía antes. Si bien todos terminan por ofrecer el contenido reunido para quien lo desee, lo hacen recién cuando la temporada o el programa terminan.

Planeada o no, la estrategia funciona de mil maravillas en dos puntos básicos. Por un lado, permite que un programa se mantenga en la conversación colectiva por más tiempo. Las redes sociales pueden ser lugares por excelencia para el spoiler, pero también lo son para crear marca. Con toda la oferta que hay, salvo fenómenos como El juego del calamar, pocos productos perduran en el ecosistema tuitero un tiempo suficiente como para poder generar interés en alguien que no se haya enterado de su existencia.

Un ejemplo de cómo favorece el viejo formato es Mare of Easttown, de HBO, que fue cosechando audiencia de modo gradual, a medida que iba emitiendo sus siete capítulos, para terminar con uno de los finales más vistos de la historia del canal de cable. Si hubiera sido estrenada toda junta, capaz el balance no hubiera sido igual.

Lo otro es cuestión de calidad. ¿Qué se puede esperar de un canal que produce una serie, la sirve y su platea se la mira en pocos días? Son muy pocas las chances de poder priorizar calidad cuando se necesita alimentar a una máquina que deglute sin parar y cada vez necesita más. En definitiva, si quiere algo bueno en tevé, acostúmbrese a esperar. No es tan malo como parece.

La Voz

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