abril 20, 2024 11:33 am

Repatriación de científicos: la experiencia de uno que regresa y de otro que abandona la ciencia

Emmanuel Odella (33 años y nacido en La Carlota) regresó al país hace poco con las expectativas altas de seguir haciendo ciencia en su querida Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Es uno de los 80 científicos argentinos que el Gobierno nacional ya repatrió en una nueva etapa del programa Raíces, lanzada hace menos de un año.

En 2016 se fue a EE.UU. con una beca de posdoctorado. “En ese momento, las posibilidades en Argentina no eran buenas. Me iba a ser difícil lograr una beca de posdoctorado porque se había reducido el presupuesto en ciencia y había dejado de ser un ministerio”, recuerda.

Reconoce que la calidad de vida y la estabilidad económica en EE.UU. son muy diferentes de las que se pueden tener en Argentina. “Podés trabajar en un laboratorio del primer nivel, donde el presupuesto no es una limitante”, relata.

Un ejemplo. En su trabajo utilizan un resonador magnético nuclear. “Allá había un edificio con siete equipos. En Río Cuarto solíamos tener uno más pequeño, pero se rompió hace varios años, por lo que teníamos que usar el de Córdoba”, compara.

Sin embargo, Emmanuel confía en su decisión de regresar porque piensa que se puede hacer buena ciencia en el país. “La situación del país es complicada, pero me pareció una buena oportunidad volver a la universidad donde me recibí. Conozco cómo hacen ciencia y son muy buenos. La apertura del programa Raíces fue el empujón que necesitaba para tomar la decisión”, asegura.

Pero reconoce que la decisión vino más desde el corazón. “La primera razón de mi regreso son los afectos, familiares y amigos; no es fácil estar tanto tiempo en un lugar donde la cultura es tan diferente. Se extrañan”, cuenta.

“Me fui con la idea de volver porque, aunque cueste más, igual se puede hacer ciencia de calidad en el país. Hay mucha capacidad. Veo un cambio en la política científica del país”, agrega Emmanuel Odella.

Emmanuel ya logró un cargo en Conicet por un llamado especial para argentinos residentes en el exterior. Esa convocatoria estuvo cerrada por varios años. También espera recibir el subsidio que otorga el programa Raíces para facilitar la radicación en el país, tanto en aspectos personales como profesionales.

Investigará nanopartículas que pueden reaccionar a la luz, dentro de un grupo de la UNRC que viene trabajando desde hace años en el tema.

“Ya están pensando en aplicaciones como tratamientos antibacterianos para superficies y para prevenir la mastitis bovina. Aunque mi investigación es ciencia básica, el trabajo puede terminar en el desarrollo de test de diagnóstico de enfermedades, por ejemplo”, comenta Emmanuel.

Repatriado que abandona la ciencia

La mayoría de los científicos repatriados lograron reinsertarse en la actividad. Pero los vaivenes económicos y políticos del país y la telaraña burocrática del sistema científico argentino agotaron a Gustavo Pigino. A tal punto que decidió abandonar la ciencia.

Gustavo (52 años) se doctoró en el Instituto de Investigación Médica Mercedes y Martín Ferreyra en 1997 y de allí partió a Estados Unidos para realizar un posdoctorado. Consiguió un puesto de profesor en la Universidad de Illinois, Chicago. En 2013 decidió volver como investigador de Conicet a su querido Instituto Ferreyra, gracias al programa Raíces.

Pigino estudiaba el vínculo entre el mal de Alzheimer y los priones, proteínas que pueden generar patologías como el “mal de la vaca loca” o encefalopatía espongiforme bovina.

“La idea era seguir haciendo ciencia de buen nivel en el país. Pero mis problemas con la ciencia y con el sistema científico nacional estuvieron desde el principio”, cuenta Gustavo, en una carta publicada en Facebook hace unos meses.

Luchó por tres años para conseguir su puesto docente en la Universidad Nacional de Córdoba, que formaba parte del paquete de beneficios de la repatriación. Sólo recibió la mitad de los fondos que le prometieron para poder regresar. El primer subsidio de investigación lo obtuvo cinco años después y fueron los mismos 300 mil pesos que le habían prometido, sin actualizarlos por inflación y en cuotas.

Estas demoras provocaron que Pigino dejara de ser una “investigador activo” para el sistema porque no podía publicar. “Con recursos propios fui a Estados Unidos a hacer experimentos durante dos años para poder publicar un par de artículos. Así logré dejar de ser un investigador no activo y pude presentarme a subsidios en Argentina”, cuenta en la carta.

Pero, para el sistema, no logró buenos resultados porque tenía pocos puntos en la formación de recursos humanos. “¿Cómo hago para generar recursos humanos sin apoyo de ningún tipo?”, se pregunta.

Y agrega: “En estos últimos siete años, no tuve ninguna ayuda… He decidido dejar la ciencia. Años de dedicación y mucha experiencia adquirida tirados a la basura. Me cansé. Seguiré mi camino haciendo otras tareas que me permitan poner el pan en mi mesa”.

La carta continúa: “No quiero vegetar en el sistema si no puedo hacer las cosas bien. Dejo el lugar para que otro lo haga, muy a mi pesar. La ciencia fue mi vida por 27 años y cuesta muchísimo abandonar y se siente muy mal”.

La Voz

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