abril 20, 2024 11:01 am

Desde hace ocho años se conmemora en Argentina, cada 10 de diciembre, el Día de la y del Trabajador social, fecha que coincide con el Día Universal de los Derechos Humanos. Desde la Federación Argentina de Asociaciones Profesionales de Servicio Social (FAAPSS) se eligió ese día asumiendo una clara posición política e ideológica en la profesión: colocar la cuestión de los derechos humanos como eje central del proyecto éticopolítico como colectivo profesional.

Entre sus fortalezas, ese colectivo tiene una trama que contiene a todas las instituciones que representa. En esa concepción, Nora Aquín (MP 20), trabajadora social y una de las principales referentes de esta temática, aporta al Colegio de Profesionales en Servicio Social de la Provincia de Córdoba (CPSSPC) y a la sociedad algunas reflexiones.

Al exponer sobre las relaciones entre derechos humanos y trabajo social, Aquín advierte que tiene una vigencia permanente. En primer lugar, por una razón de peso histórico, en tanto la profesionalización de la práctica está ligada con los derechos garantizados por el estado de bienestar. Esta razón renueva su importancia toda vez que la sociedad se ve atravesada por un conjunto de mutaciones que profundizan la desigualdad, no sólo en términos económicos, sino también culturales y vinculares.

“Precisamente, trabajo Social se encuentra de cara a los conflictos más agudos que se presentan en estas dimensiones, y lo hace mediando a nivel micro entre lo que podría designarse como la lógica de la concentración monopólica y la lógica de la ampliación de derechos. Dos lógicas en permanente tensión que condicionan en cada tiempo histórico las características de nuestra intervención, en tanto es necesario reconocer la distancia existente entre las promesas de la democracia ante urgentes reclamos de la población y los resultados concretos obtenidos a través del funcionamiento de sus distintas instituciones”, detalla la especialista.

En segundo lugar, la profesionalización de la práctica se liga directamente con el reconocimiento de la responsabilidad del Estado como garante de derechos. Y entre los medios a través de los cuales el Estado, cuando el proyecto que lleva adelante así lo dispone, interviene para sostener o ampliar derechos se encuentra la puesta en servicio de la experiencia profesional, la que contribuye desde su lugar específico y en los distintos tramos de la historia a debilitar parcialmente los efectos en los sectores más desfavorecidos de la desigualdad estructural que define a las sociedades.

“Sin dudas, la mayor cercanía entre el trabajo social y los derechos humanos se entabla a nivel de los derechos sociales, concebidos como espacio de construcción de sujetos que se emancipan de las limitaciones básicas que impone la pobreza”, indica Aquín.

En su dimensión distributiva, el trabajo social atiende a la distribución de valores de uso entre individuos y grupos, cuyo objetivo es lograr una distribución deseada. En su dimensión cultural se trata de la construcción de una constelación de símbolos y formas culturales sobre las cuales se forman las líneas de solidaridad y la capacidad de actoría social de los sujetos con quienes trabajamos.

“Así, pues, la temática de los derechos humanos se encuentra en el centro de las preocupaciones del trabajo social, ya que tanto la ampliación como la restricción de servicios societales ligados con tales derechos afectan la vida cotidiana de los sujetos, la capacidad de demanda de las y los actores sociales y también las posibilidades de un ejercicio profesional pleno”, agrega la referente.

Los derechos humanos implican el reconocimiento de una deuda. Cuando alguien reclama su derecho está demandando aquello que legítimamente le corresponde y le está siendo negado o restringido. “Concluimos entonces que el trabajo social acompaña los procesos de concreción de derechos socialmente reconocidos como tales, trabajando por la defensa de los ya instituidos y abriendo el horizonte hacia la ampliación de nuevos derechos que contribuyan a la concreción de una sociedad más amable e igualitaria”, resume Aquín.

Por qué se conmemora este día

A partir de 2012, los trabajadores y las trabajadoras sociales de todo el país tienen su merecido día cada 10 de diciembre, que justamente coincide con el Día Universal de los Derechos Humanos.

Anteriormente celebraban su vocación cada 2 de julio, pero la Federación Argentina de Asociaciones Profesionales de Servicio Social decidió modificarlo porque ese día tenía un sentido religioso que no era correlativo con los actuales principios de la profesión y que había sido propuesto en 1961 por la asistente social Marta Ezcurra, miembro de la Unión Católica Internacional de Servicio Social, para homenajear el Día de la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel.

La Ley Federal del Trabajo Social Nº 27.072, sancionada en diciembre de 2014, afirma en su artículo 4 que se entiende por trabajo social a la profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social y el fortalecimiento y la liberación de las personas.

La Voz

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