julio 5, 2022 7:45 am

Finaliza el primer cuatrimestre y en las escuelas secundarias hubo retrasos de hasta dos años

Con impotencia y mucho trabajo, con demandas familiares, dificultades para convivir y aprender; con la necesidad de recuperar contenidos de hace dos años que se suponían sabidos; con alto ausentismo estudiantil y docente; con la sensación de que las aulas nunca deberían haber cerrado y de que la escuela es una de las pocas instituciones que quedan en pie y con demasiados frentes abiertos: así está finalizando el primer cuatrimestre escolar en el regreso a la presencialidad plena en Córdoba.

¿De qué manera están transitando este proceso de crisis los educadores y el alumnado? ¿Qué se hizo y cuánto hay por hacer? Para conocer la realidad sin filtros, La Voz consultó a una decena de docentes, directivos y padres con el compromiso de resguardar su identidad.

“La desigualdad es profunda, vamos estableciendo con los ‘profes’ criterios para resolver situaciones que no son solo escolares”, opina Luis, vicedirector de una escuela secundaria barrial de la ciudad de Córdoba.

“Vamos a tener resultados muy bajos y en la segunda etapa del año hay que ver cómo le hacemos frente”, agrega.

La mayoría de los docentes se ha visto en la obligación de retomar contenidos de cursos anteriores como una estrategia para avanzar porque –confirman– se ha aprendido poco y nada durante la pandemia. “En muchos casos, el profesorado retomó contenidos de dos años atrás para dar continuidad al programa que le corresponde dar”, dice Silvia, directora de un Ipem de zona sur, de la Capital.

Marcela, parte del equipo directivo de otra institución, estima que volver a equilibrar el sistema demandará al menos ocho años. Y piensa que se queda corta.

“En la evaluación diagnóstica de marzo de este año quedó de manifiesto que durante 2020 y 2021 los aprendizajes fueron escasos y nulos. No es fácil motivar a los estudiantes. En general están abúlicos. Por más que los profesores intentamos incorporar las TICs, el rendimiento académico es bajo. A muchos les cuesta escribir (incluso en el Ciclo Orientado); pretenden aprobar los espacios curriculares con ‘trabajos’ como se hizo en la etapa virtual de la pandemia. Sólo concurren un par de horas a clases”, enumera Susana, vicedirectora.

Los primeros dos años de la secundaria son los más críticos porque son estudiantes que han transcurrido los últimos años de la primaria encerrados, con educación virtual, sin ritmo contínuo de estudio. “Necesitan más horas de clase, se precisa una escuela intensiva para jóvenes del Ciclo Básico”, refiere Adriana, también directora.

La desigualdad es tan grande, que en un mismo curso mientras algunos chicos hacen operaciones algebraicas, otros no saben escribir su nombre. “Hay muchas situaciones que influyen: familiares, culturales, falta de alimentación buena, situaciones económicas o de violencia, adicciones. “Ese estudiante cuando ingresa al aula llega con una carga emocional y física increíble”, apunta la docente.

La enseñanza de la Lengua como desarrollo de capacidades y habilidades

Visión oficial

“Este primer cuatrimestre ha servido, tras dos años de pandemia, para que las escuelas puedan reestablecer las prácticas escolares que generan el ‘efecto escuela’ y que se perdieron por la virtualidad y el trabajo remoto. Además, también ha servido para volver a habitar los espacios comunes, el compartir, el aprender con el otro y así recuperar los acuerdos de convivencia”, valoraron voceros del Ministerio de Educación provincial.

Este jueves se conocerán los datos de las Pruebas Aprender en Córdoba, que ratificarían los bajos rendimientos que relevaron las pruebas a escala nacional. Desde el Ministerio de Educación provincial lo admiten: “En cuanto a la cuestión pedagógica, los datos de Prisma y Aprender son más que elocuentes en los desafíos pendientes que tiene el sistema tras dos años de pandemia”.

La hoja de ruta es la misma. “Desde la cartera educativa se están llevando acabo jornadas de trabajo con directores y directoras de escuelas para fortalecer la implementación de los Programas Pedagógicos Priorizados de Lengua, Matemática y Cultura digital durante 2022 y 2023″, marcaron las fuentes, para quienes puede ser exagerado hablar de dos años de atraso en los contenidos. “Las escuelas debieron hacer un diagnóstico de las recurrencias de aprendizajes pendientes en los contenidos priorizados y desde allí retomar para poder avanzar en el desarrollo de los programas priorizados. Ahora, dos años no, es mucho. habría que ver el caso puntual de algunas escuelas, pero no es la regularidad en el sistema”, dijeron.

Demandas sociales en las escuelas de Córdoba

Entre los docentes consultados hay consenso en algunas realidades que se repiten. Por una parte la escuela sigue siendo la institución social por excelencia en la que recaen todas las demandas. Por otra, parece urgente recuperar en el alumnado el sentido de estar en la escuela. ¿Qué se observa?

Una catarata de demandas sociales con pedidos de resolución inmediata: todo requerimiento debe ser satisfecho ya, no hay tiempo de espera.

Intolerancia, en especial entre los estudiantes.Anomia global, dificultades para cumplir los acuerdos escolares de convivencia.Ausencias sin justificación.Cansancio y desgano.

Las escuelas con “climas enrarecidos”

Se observan nuevos climas y el desinterés por iniciativas y proyectos creativos. “Da lo mismo hacer o no hacer; solo se limita a cumplir un horario de trabajo o de estudio. Es como haber perdido el entusiasmo por enseñar y aprender”, opina la profesora Olga.

En el mismo sentido se expresa Pablo, director de otro secundario. “Ya estoy perdiendo la esperanza de capitalizar todo lo bueno que se hizo durante la virtualidad”, se resigna, en relación al uso de tecnologías y nuevas herramientas educativas virtuales.

En general, los docentes coinciden en que es imposible volver a la escuela de 2019, aunque muchos volvieron a las fotocopias y al pizarrón. “Cambió el clima, por más que se quiera mantener la estructura, es otra la dinámica. Hoy nos estamos jugando a que el chico llegue a la escuela y en condiciones de poder establecer vínculos. Estamos desde las escuelas generando instancias y nuevos formatos, pero tenemos un sistema intermedio que no se renovó. Hay que darle sentido a toda la propuesta, sino dejan de venir al colegio”, asegura Ana, directora, con 12 años en el cargo.

Pablo insiste en que la evaluación formativa real es un proceso sumamente lento y subraya que las aulas son espacios imprescindibles en estos tiempos. “En nuestra escuela el peor castigo es decirle a un chico o chica que no venga, lo cual no quiere decir que estemos garantizando los saberes y los aprendizajes necesarios. Los chicos en la escuela encuentran un lugar de contención formidable pospandemia”, enfatiza.

Lorenzo, profesor de Literatura, opina que hay un clima escolar “bastante áspero”. “Los chicos pasan más de cinco horas en la escuela en cursos numerosos de hasta 35 o 40 estudiantes, les cuesta mucho trabajar con los otros, con pares; les cuesta recuperar estrategias de aprendizaje”, dice. Y agrega: “Si bien muestran ganas de estar en la escuela, se observa el desgano; les cuesta volver a adquirir las técnicas de estudio, de comprensión. Los resultados de las últimas pruebas demuestran que están un paso atrás de los programas actuales y les va a costar mucho más”.

Lorenzo confirma que las problemáticas sociales obstaculizan el desarrollo de las clases y que hay que debatir el camino a seguir. “Estos chicos del encierro están lastimados, atravesados por una situación que no podemos dimensionar”, opina.

Los cuadros de depresión y angustia en las aulas son recurrentes. En tres de las escuelas consultadas indicaron que en lo que va del año enfrentaron crisis graves e intentos de suicidio, con pedidos de asistencia a la Casa del Joven y a otras instituciones de atención a la salud mental.

Convivencia compleja: el drama en el aula de las escuelas

La convivencia está siendo la piedra en el zapato este año. El trabajo en burbujas y en pequeños grupos en 2021 permitió el seguimiento personalizado del alumnado, pero ahora, al encontrarse todos en el mismo curso, “se desconocen” y emergen problemas de competencia por liderazgo, diferencias de bandas de distintos barrios, amenazas que surgen por las redes sociales y peleas al salir del colegio. “Destaco la actitud en general de los padres, madres o tutores que adoptan una actitud irrespetuosa ante los docentes y autoridades de la escuela, depositando las demandas de cualquier tipo (barrial, social, personal, económica) en la institución y exigiendo una respuesta inmediata, una ‘solución’. ¿Será que la escuela es la única institución que quedó en pie, cerca y abierta para hacer cualquier tipo de reclamo?”, se pregunta una de las directoras de un establecimiento estatal.

Otro docente apunta que es imperioso capitalizar la educación presencial y la participación de las familias porque –cree– no hay forma de sostener a los estudiantes sin alianza. “En casi todas las escuelas estamos viendo situaciones de agresividad, violencia, tanto de estudiantes como de familiares y docentes. La semana pasada unos padres ingresaron a la escuela para tomar justicia por propia mano”, contó Nicolás, preceptor de una institución.

Gastón, también docente, recuerda que la escuela siempre fue un centro de referencia de la comunidad pero ahora se siente más. Al ser una institución presente, opina, todos le reclaman respuestas que a veces la superan. “Recibimos esos reclamos y se nos obliga a dar respuestas que no están al alcance de la escuela. Los padres han encontrado un lugar de reclamo que excede a cuestiones educativas”, dice. Las familias, considera, muchas veces no pueden entender que la escuela, además de ser un actor social de solución, también tiene que enseñar.

“Hay un nivel de violencia grande. El clima se encuentra raro en toda la sociedad en pospandemia y la escuela es una caja de resonancia”, refiere.

Milagros, mamá de una alumna de segundo año en una escuela estatal cree que los dos años de clases virtuales fueron fatales. “Le cuesta más entender los textos, no hay comprensión, faltó la presencia del docente frente al aula para guiarlos. Se ha dado lo mínimo. Tengo una hija que egresó hace dos años y es totalmente diferente”, opina.

La buena convivencia, sostiene Milagros, también es un tema. “Les está costando el trabajo grupal, en tiempo de pandemia se acostumbraron a estar solos y ahora por cualquier cosa, hay chispas”, remarca. Y añade; “Hay que adaptarlos de nuevo al sistema educativo. En otros años no había visto los casos de violencia que hay ahora y los padres que en lugar de aportar para la paz, vienen y se la agarran con la directora, el docente, el preceptor, con el que limpia… Parece que la culpa de todo la tiene la escuela, aunque la educación empieza por casa”, concluye.

La Voz

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