octubre 7, 2022 5:37 am

Por qué las mujeres se levantan contra el régimen iraní

Mahsa Amini tenía 9 años cuando sus primas y sus amigas salieron a las calles para protestar por el resultado de las elecciones presidenciales iraníes, en junio de 2009. Entonces, el oficialista Mahmoud Ahmadinejad se había proclamado ganador con dos tercios de los votos, pese a que el resultado no tenía mucho que ver con el humor social y popular.

Hubo denuncias de fraude de la oposición. Millones de personas salieron a manifestarse bajo la consigna “Dónde está mi voto” y por una reforma democrática.

Principalmente a través de Twitter, la gente organizó las movilizaciones, previno ataques de la Policía y mostró al mundo lo que pasaba en Irán.

Fue esa llamada “Revolución Verde” –en referencia a los colores del partido del líder opositor Mir Hosein Musaví– el preámbulo de lo que luego se conocería como la “Primavera Árabe”, una ola de protestas populares ocurridas entre 2010 y 2013 en la mayoría de los países árabes, cuando la población clamó de manera masiva por democracia y derechos sociales, y contra las malas condiciones de vida.

Pese a que Irán es un país persa, no árabe, esta “marea verde” fue un antecedente para encender aquellas mechas.

Una de las sorpresas de la Primavera Árabe fue la gran participación de las mujeres, que salieron a mostrar su descontento por las condiciones a las que se las sometía –y se las somete– en la mayoría de esos países (Yemen, Túnez, Egipto, Libia, Siria, entre otros).

De todos modos, las protestas fueron sofocadas, en algunos casos reprimidas con brutalidad, o se disolvieron en cambios cosméticos que no produjeron verdaderas modificaciones estructurales y, por el contrario, detonaron guerras civiles o incitaron la participación de grupos extremistas en los gobiernos.

Si bien puede considerarse que sólo en Túnez se produjo un cambio democrático, aquellas manifestaciones sentaron una semilla para futuros movimientos, como los de la segunda Primavera Árabe, en 2018.

Mahsa Amini tenía 18 años cuando sus primas, sus amigas y sus vecinas volvieron a marchar contra el gobierno, en noviembre de 2019. La movilización empezó con la demanda por el precio del combustible y se expandió con reclamos sobre la desigualdad y las injusticias sociales.

En esa ocasión, la represión oficial dejó más de 140 muertos y más de siete mil personas detenidas.

Mujer en una ciudad kurda

Mahsa Amini había nacido el 16 de septiembre de 2000 en Saqqez, en la provincia de Kurdistán. A 600 kilómetros de la capital, Saqqez es una de las ciudades más antiguas de Oriente Medio, de cuyas tierras brotaron muchas de las reliquias históricas que se muestran en los museos nacionales.

La joven vivió en una de las ciudades kurdas donde, además, la gente sufre la represión de los gobiernos iraníes debido a su origen y a sus reivindicaciones nacionalistas.

El 13 de septiembre pasado, viajó con su hermano a Teherán. Lo que se sabe hasta ahora es que, al otro día, en las cercanías de la estación de subte Shahid Haqqani, fue detenida por la Policía de la Moral por no usar correctamente su velo, según los agentes.

Mientras su hermano Kiaresh protestaba, le informaron que la llevarían a un centro de detención para darle una “charla informativa” sobre el hiyab. Pero terminó en el hospital Kasra, donde murió tras pasar dos días en coma.

El Gobierno difundió un video en el que la joven se desmaya en la comisaría, por lo que alega que falleció por un problema cardíaco.

Tras conocerse el hecho, y ante las sospechas de que habría sido torturada o golpeada –su hermano dijo que cuando la detuvieron, estaba en perfecto estado de salud–, comenzaron las manifestaciones masivas, lideradas por mujeres que ven en la muerte de la joven Mahsa el símbolo de lo que ellas sufren desde hace décadas.

Hasta este jueves, habría 17 muertos por la represión gubernamental de las protestas.

Acumulación de broncas

“La legislación discriminatoria sobre el uso obligatorio del velo da lugar a que a diario se someta a las mujeres a hostigamiento, detención arbitraria, tortura y otros malos tratos, y se les niegue el acceso a la educación, al empleo y a los espacios públicos. Al menos seis defensores y defensoras de los derechos de las mujeres continúan en prisión por hacer campaña contra el uso obligatorio del velo”.

El párrafo es la cita literal de uno de los capítulos del informe 2021 de Amnistía Internacional sobre la situación de los derechos humanos en Irán.

Además, registra que la edad legal para el matrimonio de las niñas continúa siendo los 13 años, “y sus padres podían obtener permiso judicial para casarlas incluso antes”. Según cifras oficiales, entre marzo de 2020 y marzo de 2021 se registraron 31.379 matrimonios de niñas de entre 10 y 14 años.

En Irán, además, si bien las mujeres constituyen la mayoría del alumnado universitario, pueden votar y ser candidatas para altos cargos, o bien manejar taxis y camiones, deben vestir indumentaria obligatoria –el velo en especial– y se les prohíbe, por ejemplo, andar en bicicleta.

Una fatwa (decreto religioso) del líder supremo iraní, Ali Jamenei –símbolo del islam chiíta–, prohíbe a las mujeres que usen ese medio de transporte en presencia de extranjeros “o de aquellos que no sean familiares directos”. Es decir, se vuelve casi imposible para ellas circular en espacios públicos, medida avalada por fallos judiciales en algunas partes del país.

Detenida por inmoral

La Policía de la Moral es el cuerpo de agentes que trabaja, a veces de manera encubierta, para aplicar estrictas interpretaciones de la moral islámica con relación a conductas en torno al código de vestimenta o el uso excesivo de cosméticos.

Existe en otros países, como Arabia Saudita o Sudán. En Irán se creó tras la revolución islámica de 1979 y, como es fácil deducir, sus principales víctimas son las mujeres.

Suelen andar en camionetas en sitios públicos, especialmente en las universidades.

Tienen potestad para detener a quienes no cumplan con esos códigos, como en el caso de Mahsa Amini, y no es la primera vez que reciben críticas por el celo desmedido en su función.

Estas son algunas de las causas que explican no sólo lo que le sucedió a Mahsa Amini, sino la empatía con ella, la bronca y la decisión de las mujeres de reclamar –drástica y violentamente– un cambio ante medidas tan estrictas.

No sólo encabezan las protestas contra el régimen del presidente Ebrahim Raisi (quien promete una investigación sobre el caso), sino que en las redes las mujeres iraníes se animan a quitarse el velo o incluso a incendiarlo, en señal de protesta por la muerte de la joven de 22 años.

Desafíos

Al hablar sobre las consecuencias de la Primavera Árabe (en la que fue una activa participante en su país, Yemen), la premio Nobel de la Paz (2011), Tawakkol Karman, decía que la participación de las mujeres en estas revoluciones “puso en relieve el importante papel que podían desempeñar las mujeres en la lucha contra la resistencia al cambio, la ausencia de una verdadera reforma política y el exceso de nepotismo, corrupción y cohecho en los regímenes autoritarios”.

Y agregó: “Las élites políticas y culturales no habían previsto la participación de las mujeres en los levantamientos populares. En la actualidad, hay quienes lamentan el deterioro de la situación de las mujeres como resultado de las contrarrevoluciones, que han utilizado diferentes formas de represión, violencia armada y expropiación de los espacios públicos. Han culpado a la Primavera Árabe, lo que resulta sorprendente”.

Los desafíos de las mujeres en algunos países islámicos son múltiples y complejos. Varían según los gobiernos y las comunidades en donde se hayan inmersas.

Ellas lidian con represiones cotidianas y a veces también con los prejuicios del mundo occidental.

Sin embargo, no parece haber tantas dudas con el caso de Mahsa Amini, a juzgar por las reacciones que despertó su muerte.

¿Será la oportunidad de un cambio más profundo?

La Voz

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