enero 29, 2023 1:01 pm

Cómo fue el capítulo 9 de “House of the dragon”: y así, la danza de dragones empezó

Suena repetitivo decirlo una vez más, pero para dejarlo asentado: House of the dragon apenas ha empezado y puede hacer mucho más que lo que ha mostrado y lo hace. Este domingo probó que puede mantener las cosas interesantes, muy interesantes, incluso sin tres de los personajes principales.

Así fue el capítulo uno de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo dos de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo tres de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo cuatro de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo cinco de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo seis de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo siete de “House of the dragon”, acáAsí fue el capítulo ocho de “House of the dragon”, acá

Eso no significa que el capítulo no haya tenido algunas escenas que pueden ser consideradas innecesarias o vacías. Al fin y al cabo, es una serie de fantasía medieval en primer lugar y teniendo tantos dragones a disposición, quién no caería en la tentación de hacerlos aparecer aunque no sea del todo necesario.

La primera batalla

Este capítulo se desarrolló sin la aparición de Rhaenyra, Daemon o sus hijos. Tampoco Viserys porque acaba de fallecer. Y aunque se pueda extrañarlos, funcionó perfectamente. El zoom se hizo sobre “los verdes”, el bando aliado a los Hightower. Así, sirvió para conocerlos un poco más y ver cómo hicieron exactamente para ganar la primera partida a la princesa Rhaenyra. También como algunas personas empiezan más o menos rápidamente a entender qué está pasando y que deben tomar partido.

En la línea de lo primero, aunque el capítulo profundiza en Alicent, las complejidades que explora son, algunas, algo forzadas. Lo que ya se ha dicho acá: innecesaria la necesidad de inventar que Viserys hablara de la profecía de Aegon el conquistador sobre el príncipe prometido para alimentar en Alicent la lucha por ver a su hijo coronado.

Bastaría con mostrar cómo ella continúa en ese plan aún si intenta que Rhaenyra no sea asesinada, ya sea por su moral religiosa, por recuerdo de amistad de la infancia o por intento de que no se desate una guerra. Lo de la profecía solo agrega ruido y es una forma barata de poner en marcha la propia guerra interna de Alicent.

Por otro lado, Cole continúa demostrando su capacidad asesina y su ceguera en cuanto a destruir a Rhaenyra y quienes puedan apoyarla. También, al decirle a Aemond la frase “las mujeres son todas imagen de La Madre” muestra como ha tomado de Alicent el sostén de la religión como justificación de sus acciones.

Aemond muestra otra cara. No es el adolescente que insultó a sus primos con juegos de palabras en la cena familiar. Es también ambicioso, más formado y capaz que su hermano, y lo sabe. Incluso muestra una faceta en cierto modo noble al decir que le interesa la filosofía y la historia, como quien se forma para realmente servir y no solo por poder. Sin embargo, no tiene mucho sentido que haga esos planteos y después no dude en presentar a Aegon ante la Reina, aún cuando éste le pide que no.

En la línea de lo segundo, de la estrategia verde para sacar ventaja a los negros, todo ocurre tal cual lo describe Martin en el libro Fuego y sangre. El autor siempre ha sido un gran estratega: no salir a decir inmediatamente que el Rey ha muerto, convocar a una reunión del consejo, encerrar a sirvientes que puedan saberlo, increpar a los lores y ladies de Westeros a ver quién será fiel.

Y a quién no lo será, lo espera la muerte. Otto Hightower sabe muy bien, como Cole, como Larys, que van a necesitar todo para jugar este juego: gobernar con miedo por arriba, gobernar con espías por abajo. Se apresuran a coronar a Aegon frente a todos para también valerse rápidamente de lo simbólico.

Mientras, Rhaenyra y Daemon permanecen en Dragonstone sin saber lo que está pasando y esa demora en actuar les será muy costosa.

Algunas incoherencias en un buen capítulo

Finalmente, Rhaenys ocupa el lugar que le corresponde, rebelde y guerrera. Es ella quien va a advertir a Rhaenyra, claro.

Antes, otra vez, es quien dice unas cuantas verdades, y le tira a Alicent que ella no es más que una pieza que los hombres a su alrededor mueven según su necesidad.

Sus minutos finales, espléndida con su armadura y su dragón Meleys apodado “la reina roja”, son tan impresionantes como sin mucho sentido. ¿Tan fácil es acceder a donde están los dragones para alguien que se supone que es un plebeyo más en la multitud? En cuanto a la armadura, ¿se guardaba ahí, siendo que ella está de visita?

¿Por qué no dice ‘“dracarys”? Quizás porque no es una asesina, pero queda todo un poco flojo.

También es un poco extraña la vuelta a la escena de Mysaria. Pero está bien: la danza de dragones es relativamente corta en el libro y la serie planea un par de temporadas. Hay que elegir formas de mostrar la complejidad de ese mundo y hacen falta personajes con sorpresas y que jueguen otros roles. Mysaria no es verde ni roja, quiere el bien para su pueblo, según parece por ahora, al estilo Varys.

Y, para cerrar, quizás lo más incoherente de todo, tanto en la trama como en el carácter de la serie, es la dinámica fetichista de Larys Strong y Alicent. ¿Es que intentaron acercarse más al espíritu Game of Thrones, arriesgarse de alguna forma extraña? ¿Es una metáfora para mostrar que Alicent solo puede conseguir lo que quiere a través de su cuerpo, ya sea dando a luz príncipes o sirviendo a las fantasías de Larys?

La Voz

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