enero 31, 2023 7:56 am

Cultura, más esencial que nunca: la cancelación de la Feria de Arte y el riesgo del “apagón cultural”

La semana que pasó, la escena cultural de Córdoba se movilizó por dos situaciones alarmantes. Por un lado, el reclamo para que el Senado trate el proyecto de ley de asignaciones específicas para Industrias e Instituciones Culturales. El objetivo de la iniciativa es evitar el desfinanciamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), el Instituto Nacional del Teatro (INT) y el Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (Fomeca), entre otros organismos.

Por otro lado, el reclamo del sector de las artes visuales por la decisión de no hacer este año la Feria de Arte Córdoba, cancelación comunicada por la Municipalidad apenas 15 días antes de la fecha anunciada para su realización y justo cuando la feria debería haber celebrado 10 años de su creación.

En el primer caso, se trata de una postergación que podría ser fatal para las áreas involucradas: el 31 de diciembre, el INT, el Incaa y el resto de los entes dejarán de recibir los aportes directos con los cuales se financian (por eso se habla de “apagón cultural”), a menos que el Senado se disponga a tratar el proyecto.

En el segundo, se dio de baja el evento de arte contemporáneo más importante del calendario cordobés y el más trascendente a nivel país, después de ArteBa. Y si bien desde la Secretaría de Cultura prefieren hablar de “postergación” en lugar de “cancelación” (por ordenanza municipal, la Feria de Arte debe realizarse cada año), lo concreto es que el trabajo de artistas, galeristas, montajistas y demás personas involucradas desde comienzos de 2022 se vio truncado, aunque con la promesa de que recibirán sus honorarios.

Semanas antes, una tormenta perfecta sacudió a la Agencia Córdoba Cultura de la provincia. Después de días de incertidumbre, sin ninguna información clara, finalmente se concretó un cambio en los cargos principales.

Al medio, en todos esos casos, la ciudadanía.

Después de dos años bravísimos, una pandemia nos hizo recordar que la cultura no es un divertimento de los pueblos, sino un derecho y una necesidad vital; que los artistas no son bufones sino creadores; y que el público no es una masa hambrienta de ocio, sino una comunidad que necesita el arte como identidad, patrimonio y espacio de discusión.

En situaciones así, parece que es necesario subrayar lo obvio, despejar la equis, aclarar que la cultura no tiene una mera función romántico-recreativa: las industrias culturales generan trabajo, aportan a la economía, fueron el polo productivo más golpeado por la pandemia y, a la vez, el que más terreno tiene por recuperar. Incluso en una crisis. Sobre todo, en una crisis.

Naturalizar que los proyectos culturales no tengan largo plazo y dependan de las gestiones de turno es admitir una batalla perdida. El Estado (nacional, provincial, municipal) tiene por delante varias responsabilidades: impulsar, acompañar, legislar, cumplir, gestionar. No se trata de buena fe, se trata de delinear políticas culturales claras, sustentables, democráticas, que no dependan de las voluntades, sino de estrategias institucionales.

La Voz

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