enero 27, 2023 11:01 am

La aceleración de la inflación vuelve alejar a los pobres de la salida

La cantidad de pobres descendió en la primera parte de 2022 en relación con un año antes y también bajó respecto del mismo semestre de 2021. Sin embargo, la aceleración de los precios de la canasta básica total (CBT), que en los últimos meses le gana sistemáticamente la carrera a los salarios, consolidó el núcleo duro de pobres al aumentar la brecha monetaria necesaria para que estos salgan de esa situación.

De acuerdo con los últimos datos dados a conocer por el Indec para los 31 aglomerados urbanos más grandes del país, un hogar pobre promedio debería ganar 34.705 pesos más por mes para no serlo.

En el promedio del primer semestre de 2018, la CBT ascendía a 19.435 pesos y los ingresos promedio de los hogares pobres eran de 12.397 pesos: es decir, había una brecha del 36,2%.

Cuatro años después, y luego de haber atravesado la pandemia, la CBT pasó a costar 93.177 pesos (primer semestre de este año) y los ingresos, a 58.472 pesos. Una diferencia del 37,2%.

Desde el primer semestre de 2018, cuando comenzó la crisis cambiaria en el tercer año del gobierno de Mauricio Macri, producto de la elevada inflación, la CBT subió 380%, 10 puntos porcentuales más que los ingresos promedio de los hogares pobres.

Esa diferencia no sólo derivó en que aumentara la cantidad de familias a quienes lo que ganan no les alcanza para satisfacer sus necesidades básicas (alimentos, indumentaria, transporte, vivienda), sino que produjo otro fenómeno, quizás más complicado de resolver: su condición de pobres se consolida y están cada vez están más lejos de poder escapar.

Atrapados, sin salida

La brecha porcentual promedio de los hogares pobres, es decir, la “distancia” para salir de la pobreza, llegó al pico máximo en el segundo semestre de 2020, en el momento más duro de la pandemia de coronavirus, cuando recién comenzaban a abrirse las actividades luego de la cuarentena dura instalada entre marzo y julio de ese año.

En ese momento, la brecha trepó hasta el 41,9%. Esto es, los hogares pobres, en promedio, necesitaban generar ingresos casi un 42% mayores para dejar de serlo.

Desde entonces, y con la lenta reactivación de la economía pospandémica, la brecha fue decreciendo y llegó hasta el 36,9% en el segundo semestre de 2021, casi al nivel de antes de la crisis económica.

Sin embargo, con la fuerte aceleración de la inflación en el primer semestre de este año, en especial desde abril, la brecha se volvió a ampliar.

Para peor, todo indica que seguirá aumentando este semestre debido a una nueva escalada inflacionaria que se inició en julio y que todavía no se ha controlado.

Sólo en los primeros tres meses del segundo semestre, la inflación ya subió 22%, con los registros récord del 7,4% en julio, 7% en agosto y 6,2% en septiembre.

La CBT, en tanto, límite que marca la línea de pobreza, subió el mes pasado 7,1% (casi un punto más que la inflación), acumula 68,4% en lo que va del 2022 y 81,8% en la medición interanual.

Con los datos publicados el miércoles pasado por Indec, en septiembre, una familia de cuatro integrantes necesitó 128.214 pesos para no ser pobre, de manera que los ingresos deberán tener un impulso muy fuerte para alcanzar esa línea. Será complicado para los trabajadores formales y una utopía para los informales.

Indigencia y confiabilidad

En el caso de la indigencia, la brecha porcentual promedio de estos hogares volvió a bajar en el primer semestre y registra el cuarto descenso consecutivo.

El máximo histórico (desde 2016, cuando el Indec recompuso las mediciones) fue en el primer semestre de 2020 (41,6%) y, desde entonces, anotó bajas en la segunda mitad de ese año (40,4%), en la primera de 2021 (37,7%), en la segunda mitad del año pasado (35,2%) y en medición de los primeros seis meses de este año (34,9%).

Según este último registro, en promedio, una familia indigente debería ganar casi un 35% más por mes para dejar esa condición (y pasar a ser sólamente pobre).

Sin embargo, los datos de indigencia del Indec deben ser tomados con recaudo. Un informe del Ieral del año pasado ya advertía sobre la robustez de ese dato puntual (la indigencia) debido a problemas metodológicos de la encuesta permanente de hogares (EPH).

El problema es la alta proporción de casos con ingresos no declarados que inciden en la calidad del dato de indigencia en la mayor parte de los centros urbanos analizados.

En efecto, en el informe del Indec publicado el 28 de septiembre sobre condiciones de vida, se puede ver que en la tabla correspondiente a las tasas de indigencia el organismo de estadísticas aclara que en 25 de los 31 aglomerados analizados la cifra tuvo un coeficiente de variación mayor al 16%. Un porcentaje considerado alto.

El mismo informe del Indec explica que “si bien corresponde al usuario determinar si un dato con cierto coeficiente de variación le es útil o no para su objetivo, de acuerdo con el grado de precisión requerido, se advierte que cifras con coeficiente de variación superiores al 16% deben ser tratadas con cautela”.

Para el mismo indec, las estimaciones que tengan asociados coeficientes de variación entre el 16% y el 25% “deberían ser consideradas con cuidado, ya que la precisión es baja”.

Y las estimaciones que tengan asociados coeficientes de variación que superen el 25% deberían ser consideradas como “no confiables”.

La Voz

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