febrero 5, 2023 12:00 pm

Reeditan el “El Eternauta”: la historia de los originales y de su particular restauración

1957. Buenos Aires. Un muchacho de 29 años dibuja diariamente sobre un tablero en la piecita del fondo de la casa de un amigo. Enterados, muchos jóvenes que visitan esa casa espían por arriba de sus hombros y le preguntan con ansiosa curiosidad qué pasa en ese episodio de la historieta que está haciendo, la primera que ellos leen en la nueva revista semanal donde aparece. El muchacho es Francisco Solano López y dibuja El Eternauta.

65 años después, esa obra guionada por Héctor Germán Oesterheld que se convirtió en emblema cultural argentino volvió a ser reeditada como libro. Esta vez, por el grupo editorial Planeta. Una característica distintiva fundamental de esta reedición es una serie de esfuerzos técnico-artísticos, orientados a reproducir más fielmente que antes la calidad gráfica original de las páginas que el joven Solano dibujaba en aquella piecita del fondo.

Sin originales

Hasta el año 2010, las numerosas reediciones de El Eternauta en libros o en fascículos se realizaron sin contar con los originales de la obra, partiendo de reproducciones tomadas de las viejas revistas Hora Cero. “La calidad gráfica de ese material es muy limitada”, advierte Marina López, hija de Solano, parte de los herederos de los autores que autorizaron y revisaron este relanzamiento. Y agrega: “Tiene un trazo más grueso, porque eran impresiones realizadas en un papel de mala calidad de aquella época y con tecnologías de impresión muy diferentes a las actuales”.

Ampliemos: los originales de Solano López incluyen sutilezas como aguadas y pinceladas grises que fueron invisibilizadas por las viejas impresiones a pura tinta negra y que sí pueden revelarse plenamente en la actual impresión a escala de grises.

Pero desde la década de 1960, esos originales pasaron de mano en mano, en un recorrido insospechado y borroso impulsado por el prestigio creciente de la serie y por las contrapuestas vicisitudes de Oesterheld como editor.

Hasta que en 2002 Martín, nieto de Héctor, encontró “un alto porcentaje” de esos originales “en poder de un coleccionista y editor de Turín” que los estaba exponiendo. Y en 2007, otros dos editores italianos consiguieron escanearlos, lo que confirió a las siguientes ediciones una calidad gráfica superior.

Sin embargo, en esos relanzamientos hubo un nuevo problema: los originales hallados no superaban el 75% del total, y “el trazo del dibujo, la impresión tan nítida directa del original se interrumpía con las páginas que seguían viniendo de remiendos y de capturas levantadas de edición en edición”, explica Martín Oesterheld, cineasta y artista plástico. “A pesar de que se le hizo limpieza –suma Marina–, en ese material hay un salto visual importante”.

Mejorar la continuidad

“En esto puso el foco Planeta –continúa Martín–. Llamaron a Pablo Sapia, especialista en estos temas de restauración gráfica, para mejorar la continuidad entre una definición y otra”. “Pablo tiene un buen manejo del lenguaje digital –agrega Marina–. Lo primero que hizo, con nuestro seguimiento, es suavizar las páginas escaneadas de revistas”.

El propio Sapia –dibujante con tres décadas de trayectoria, curador e investigador, también responsable de la restauración digital en compilaciones de Patoruzú y del Pi-Pío, de García Ferré– cuenta que limpió “lo que se había empastado en la impresión para acercarse, en las páginas cuyos originales todavía no aparecen, a la estética que tenía el trabajo de Solano”. Pero no es lo único que hizo.

Para explicar su segundo aporte, Pablo repasa que las entregas semanales de pocas páginas en las que El Eternauta se publicó originalmente tenían “cuadros con el título, resúmenes y cuadritos similares al último de la entrega anterior: mucho material redundante”.

En la primera adaptación a formato libro, durante la década de 1960, esas zonas de redundancia se descartaron rearmando las páginas, agregando dibujos de otros artistas o clonando viñetas de otras páginas, lo que según Sapia generó “disrupciones narrativas visuales muy importantes”.

“Lo que hice –prosigue el restaurador– fue verificar cuáles eran esos añadidos, eliminarlos y agregar un poquito de dibujo para rellenar esos espacios de una manera más criteriosa, teniendo en cuenta que la narrativa original no sufriera alteraciones. Por un lado, trabajé a mano, con papel y tinta. Y en otros lados, hice retoques digitales clonando dibujos de Solano, texturas y otras cosas, para completar fondos”.

Eso fue “una iniciativa y un estudio muy concienzudo” que Pablo hizo luego de concretar el encargo que le habían realizado inicialmente, acredita Marina López.

Nueva etapa

Más allá de las minuciosas mejoras gráficas y de narrativa visual, la publicación a cargo de la multinacional Planeta implica para esta obra el salto simultáneo a un mercado bastante más amplio que el argentino, aunque ya cuenta con ediciones europeas y norteamericanas hace muchos años: “Creemos que es una nueva etapa y estamos muy enfocados en que El Eternauta circule masivamente por todos los países de habla hispana –declara Martín Oesterheld en nombre de los legatarios de la obra–. Esta edición tiene esa premisa y perspectiva editorial”.

“Quizás la persistencia de las ediciones más modestas habrá ido penetrando en el ambiente de lectores de cómic. Y la calidad literaria y gráfica especial de esta obra hecha hace muchos años en un país sudamericano, pero con una vigencia, una potencia y un mensaje muy fuertes, habrá ido convenciéndolas de su valor y de la necesidad de darle una llegada más grande”, concluye la hija de Solano, tratando de interpretar el interés que varias editoriales grandes manifestaron en los últimos años por la célebre obra dibujada por su padre.

La Voz

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