enero 30, 2023 2:15 pm

“House of the dragon”: luces y sombras de un final de temporada impactante

Finalmente, llegó el fin de la primera temporada de House of the dragon, la esperada y ya exitosa precuela de Game of Thrones. HBO propuso una serie por la que había gran expectativa y ofreció un producto sólido que fue mejorando capítulo a capítulo.

Este episodio diez, el último de esta entrega, es en realidad uno solo con el anterior, es su segunda parte. Mientras que el nueve mostró cómo empieza la guerra y las primeras estrategias para “los verdes”, en este caso pudimos ver el comienzo de la danza de dragones desde la perspectiva de “los negros”.

Como otros, el capítulo fue impactante y con escenas para aplaudir pero también tuvo momentos más criticables, debilidades que La casa del dragón ya había mostrado.

Dragones en el cielo

Dos escenas destacan entre las otras, de diferentes maneras. La escena de Daemon cantando a un dragón (que sería Vermithor, antigua montura del rey Jahaerys), con el objetivo de encantarlo, de dominarlo y sumar fuerzas a las huestes de Rhaenyra, es fascinante. Fascinante porque Daemon canta en Valyrio y porque abre la puerta a posibilidades de la relación Targaryens-dragones que no hemos visto. De hecho, ese es uno de los ejes del capítulo.

La otra escena de alto impacto es la que presenta la secuencia trágica de la visita de Lucerys a Bastión de Tormentas. El hijo del medio de los que Rhaenyra tuvo durante su primer matrimonio es el personaje más dulce de toda la serie. Su muerte es la primera realmente dolorosa de la temporada.

Más allá de que estaba escrita en el libro Fuego y sangre, era de esperarse un golpe así de la franquicia Game of Thrones. El público, luego de que Ned Stark fuera decapitado por Joffrey, ya está curado de espanto. Aunque, que la muerte de un niño, además un niño noble y deseoso de contribuir a la causa de su madre, que considera justa, es otro nivel de dolor. Pero, como a Ned, la nobleza de poco le sirvió.

Además, acabamos de ver la primera muerte de un dragón, lo que duplica el dolor. Previo a eso, la tensión que ofrecen el nerviosismo de Arrax, Luke hablándole en Valyrio para calmarlo, la forma en que el animal le pide a su jinete que lo monte para poder huir de ahí son para destacar.

Aemond, luego de unos momentos de cierta nobleza en el anterior capítulo, demuestra aún más que es un Targaryen y que tanto la cordura como la locura y el entregarse a sus impulsos danzan en su interior.

En relación con la relación jinete-dragón, luego de que en Game of Thrones los únicos dragones conocidos eran los de Daenerys, la autonomía de Vhagar y Arrax en un estado de estrés demuestra que todavía hay sorpresas en ese sentido.

Debilidades entre las escamas

Otra vez esa profecía mal puesta en el medio. Parece que La casa del dragón va a sostener su invento de Viserys y su obsesión con La canción de hielo y fuego hasta el último momento para justificar vueltas innecesarias en sus personajes.

No tiene ningún sentido que Corlys, de repente, decida no apoyar a Rhaenyra cuando siempre lo ha hecho, y con ello retirar su apoyo a los nietos que antes defendió. No tiene sentido que Rhaenys, con todo lo que ya ha perdido, aún se haga la difícil. Si estas son las formas en que eligen mostrar las dudas que una guerra civil puede generar, están eligiendo mal a los personajes que las pueden alojar y las formas, forzadas y apuradas.

Tampoco tiene sentido el arranque de Daemon contra Rhaenyra. Sí, mató a una esposa, pero a una que nunca quiso en circunstancias muy distintas. Hasta ahora, todo lo que Daemon ha hecho fue con el objetivo de asegurarse lo que quería, y la violencia contra una esposa a la que parece querer, respetar y que, además, acaba de recibir tres duros golpes, resulta totalmente inexplicable. Si bien en Fuego y sangre se prevé un cierto enfriamiento en el matrimonio, esto resulta burdo y absolutamente apurado.

Finalmente, la tibieza y la falta de reacción de Rhaenyra tampoco tienen sentido. Sabe hace años que una traición se gestaba, que Aegon no es apto para reinar y, de repente, ¿duda? ¿Duda cuando siempre ha defendido su derecho – aún cuando, lógico, planteara a su padre ciertas dudas? ¿Duda cuando ya le pidió a Daemon ayuda en su gesta y planearon la salida de escena de Laenor para casarse y ser más fuertes? ¿Duda cuando piensa que los verdes mataron a su padre y el impacto de sus acciones provocaron la pérdida de su hija?

Muchas veces los personajes femeninos son masculinizados como única forma de plantearlos como fuertes. Hasta ahora, Rhaenyra estaba muy bien llevada en ese sentido. Pero con un exceso de sensibilidad al recibir el mensaje de Alicent – quien la traicionó varias veces y quien no ha sido su amiga en años -, y de duda antes de desatar una guerra no hace resaltar su sensibilidad femenina, que podría otorgarle sabiduría, sino que la hace quedar tonta y más: la hasta ahora excelente interpretación de Emma D’Arcy parece hasta flaquear, desperdiciada.

Hasta ahora y desde hace mucho, los verdes están haciendo retroceder a los negros en la batalla que acaba de empezar al menos de manera formal. Los negros acaban de sufrir su primer gran golpe: la pérdida de un príncipe y de un dragón, ambos no solo costosos a su corazón sino también a sus números.

Seguramente, la segunda temporada, que podría tardar dos años en llegar, comenzará con ellos reagrupándose y con algunas victorias. Si no, la danza de dragones no puede sostenerse más allá de algunos capítulos más.

La Voz

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