febrero 6, 2023 3:14 am

Las dos terminales de Córdoba, refugio nocturno de indigentes

A solo 100 metros de la Casa de Gobierno, en el centro de la ciudad de Córdoba, las dos terminales de ómnibus son el refugio también para gente que vive en condiciones de indigencia. En un recorrido la semana pasada, La Voz contó unas 50 personas en los pasillos y rincones de las terminales 1 y 2. Entre ellos, cuentan que hay quienes hace más de dos meses pasan sus días allí. Otras personas llegaron hace menos tiempo.

En su mayoría, se observaron varones mayores de 50 años. Pero también, había más jóvenes y algunas mujeres. Se pasan los días caminando o sentados en los bancos porque cuando se acuestan les piden que se vayan. El número no es estable: muchos duermen algunas noches en las terminales hasta buscar otros destinos.

Para un grupo de voluntarios que provee comida a personas en situación de calle el número promedio sería aún mayor. Se basan en la cantidad de raciones que reparten. “Hay más de 60 personas que viven en la terminal”, dijo Noelia, que hace dos años se dedica a repartir alimentos.

En cambio, para fuentes consultadas dentro de la terminal, ligadas a las tareas operativas y de seguridad, el número estaría conformado actualmente por unas 45 personas.

Para los afectados, la única realidad es la desesperanza. “Acá se duerme sentado. Vivimos nerviosos y al acecho, porque no toda la gente que para acá es buena”, dice Nelson, que tiene 56 años y hace dos meses habita el lugar, sobre todo de noche.

Programa para gente en situación de calle

Ante la consulta de La Voz, en la Municipalidad de Córdoba aseguraron que no tienen registro de personas viviendo en la terminal y desconocieron la cantidad contabilizada durante dos jueves consecutivos por este medio. Puede haber indigentes de paso pero no se trata de personas que vivan en el lugar, señalan.

María Eugenia Pomazan, subsecretaria de Planificación y Gestión de la Secretaría de Políticas Sociales, Inclusión y Convivencia del municipio, aseguró que “el programa de Personas en Situación de Calle recorre los puentes y las terminales”. Durante esos recorridos –dijo– no se identificó allí a más que una persona que ya está registrada en el programa.

“Por ejemplo, anoche (por la noche del domingo) un equipo salió a las 21.30 y recorrió las dos terminales. No encontramos personas que vivan más de 48 horas, que serían personas en situación de calle. Sí hemos encontrado a algunas personas que pernoctan allí”, expuso Pomazan.

Ante la consulta por la gente que se pudo registrar el jueves pasado, Pomazan consideró que “hay viajeros que, al igual que en el aeropuerto de la ciudad de Buenos Aires, se echan a dormir y se tapan con sus pertenencias”, pero —enfatizó— “no se trata de personas sin hogar”.

“La persona se autodefine en situación de calle. Pero muchos están alojados en hoteles, que forman parte de los dispositivos del programa municipal para Personas en Situación de Calle. No consideramos que sean personas en situación de calle, dado que se trabaja para que salgan de este estado”, explicó Pomazan.

En la actualidad, la Municipalidad contabiliza entre 75 y 90 personas en situación de calle en toda la ciudad de Córdoba. Más de 40 de ellos están judicializados, dado que se registran situaciones de violencia y problemas de adicción, según detalló la funcionaria a cargo.

“Todos los demás están en distintos dispositivos. Uno de ellos es Nuestra Casa, un alojamiento de preegreso. Allí hay 25 personas y ya salieron cinco que no regresaron a la calle”, destacó.

Cómo es la vida en la Terminal

Durante los recorridos realizados por este medio, algunas personas contaron sus experiencias.

Juan cumplió el jueves pasado un mes y un día de dormir en la terminal. Llegó a Córdoba en búsqueda de trabajo. “Me quiero volver a Buenos Aires porque no consigo empleo. No quiero un plan social”, expresó.

Dijo que pidió un pasaje a personas que se identificaron como parte de la Municipalidad, pero que no lo pudieron ayudar, según su relato.

“Esto se ha puesto muy jodido. Vienen todas las personas de abajo del puente”, contó. Y dijo ser “soldador y mecánico de estructuras”. Su señora recientemente consiguió un trabajo en un hotel de la zona. “Somos más de 50 viviendo acá. Entre las 3 o las 4 de la mañana estamos todos”, comentó.

Antonio tiene 78 años. Es hiperquinético, según su entorno. “El viejo se la pasa caminando de acá para allá limpiando y haciendo cosas para matar el tiempo”, dicen sus compañeros. A él, en cambio, no le gusta hablar. “Estoy toda la noche parado para que no me corran”, expuso.

Carlos tiene 80 años. “Hace 15 días me sacaron y me llevaron al médico”, aseguró, pero no sabe identificar quiénes lo hicieron. El “viejo Marcos”, tal como lo conocen, asegura que duerme cerca de los baños.

Testimonios en el lugar

Belén (32) es otra de “las personas de la terminal”, tal como se reconoce. “Para alguien con discapacidad es jodido”, dice y muestra que le falta una pierna. No puede conseguir trabajo en su estado, explica. Tampoco accedió a subsidios ni a pensiones.

“Tuve un accidente camino a Monte Cristo cuando iba a buscar a mis hijos a la escuela La Salle, el 13 de marzo de 2019. Luego me tuve que ir de casa porque mi marido cambió mucho y comenzó la violencia de género”, relató entre lágrimas. Contó que tampoco ve a sus hijos.

Espera conseguir una pensión por discapacidad para poder salir de la calle. Da un número para recibir ayuda: (0351) 156-805058.

Carolina (30) es de Colombia. Hace un mes sufrió un robo durante el cual perdió todos sus documentos. “Iba en bici recorriendo el mundo. Cuando pedí ayuda me dijeron que era solo para gente de acá. Lo que más espero son los papeles de migración, para poder seguir camino”, dice. Ella desearía recuperar la bicicleta y la carpa que le fueron robadas. Durante el día trabaja en los semáforos.

Para estas personas, las noches en las terminales discurren entre la esperanza de encontrar una salida a la indigencia y los dramas que golpean contra ese anhelo. Mientras, por una o por muchas noches, duermen a los saltos y sufren el deterioro de la incomodidad y las carencias.

La Voz

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