enero 30, 2023 3:40 pm

Una página inolvidable del fútbol argentino

El fútbol argentino tiene una innumerable cantidad de falencias por las cuales puede ser criticado y que lo hacen vulnerable.

Ya se sabe los flancos que otorga, por ejemplo, por sus campeonatos superpoblados, por sus problemas organizativos, por un cuestionable nivel de arbitraje que ni siquiera la incorporación del VAR pudo elevar, por el flagelo de la violencia que está siempre latente y por una competencia que pone en igualdad de condiciones a clubes con administraciones ordenadas con otros que dejan mucho que desear.

Pero si hay algo innegable es que nuestro fútbol siempre se guarda una página atractiva, un capítulo para rescatar, lleno de emoción, de tensión, de vértigo, repleto de adrenalina que regala definiciones como la que se dio ayer en la última fecha del campeonato de la Liga Profesional.

Boca, Independiente, Racing y River barrieron ayer con las sospechas y le regalaron al fútbol argentino un cierre épico, inolvidable, infartante y lleno de puntos para sobresaltar, en el cual dos de los cuatro “grandes” de estas tierras (como Independiente y River) afrontaron con todo, como debe ser, sus compromisos aunque sabían que si lograban buenos resultados le podían dar el título a su máximo rival. Los rojos y los millonarios pusieron el honor sobre el terreno y salieron airosos, porque demostraron que no todo es lo mismo, que las especulaciones más de una vez están de más y que los malos pensamientos pueden ser borrados con actuaciones como las de ayer.

Independiente le empató a Boca y sabía que ese marcador le podía dar el título a su archirrival Racing. Y River le ganó a la Academia sin importarle que de esa forma se coronaba el Xeneize. Y aunque cueste y esté muy lejos de ser lo ideal, la realidad (triste e inentendible en más de una ocasión) nos lleva a rescatar las actitudes de los protagonistas vestidos de rojo y de los de la banda, que deberían ser normales y habituales, pero cada tanto aparecen más nítidas y llevan a aplaudir el accionar de los actores principales.

Y al final de la tarde, el campeón fue Boca, que el inédito destino quiso que tenga que agradecerle este título a River. Un Boca que si se repara en todas las críticas que recibió durante el torneo -por su funcionamiento, por sus vaivenes, por su cambio de entrenador o por algunas conductas de jugadores clave-, más que de un campeón deberíamos estar hablando de un equipo que ni arribó a mitad de tabla. Pero el equipo que llegó al título dirigido por Hugo Ibarra mostró los suficientes puntos favorables como para justificar que es un merecido campeón, que hizo lo necesario para dar la vuelta olímpica y que, aunque sea por la mínima, afrontó la recta final con más resto, en lo anímico y en lo futbolístico, que su competidor directo, que fue Racing.

Como sea, el vapuleado fútbol argentino puede disfrutar con orgullo de una vibrante definición donde reinaron la transparencia y los valores.

La Voz

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