enero 29, 2023 12:21 pm

Córdoba, pionera en la lucha contra la violencia en espectáculos

Desde hace cuatro años, la producción del festival GRL PWR viene trabajando en cambiar el paradigma de la llamada “seguridad” en shows musicales.

Quienes conforman el festival armaron en 2019, luego de mucha investigación y de un año de trabajo silencioso, un protocolo para prevenir violencias dentro de los shows, un espacio que a priori debería ser de disfrute.

La idea era concientizar e intervenir en las situaciones desde “un lugar de contención y reparación del daño y no desde un lugar de culpables y castigo”.

La noche ha sido históricamente caldo de cultivo para infinitos hechos de violencia, mucho de ellos no denunciados ni investigados, y las primeras en accionar empresarial e institucionalmente sobre el tema fueron Meli Franco y Peni Franconi.

En su momento, el protocolo fue reconocido por el ambiente de la música e incluso halagado por el Instituto Nacional de la Música (Inamu), que lo socializó de manera federal entre sus espacios de capacitación en género.

Para llegar a la concreción del protocolo, el equipo del GRL PWR había realizado 100 entrevistas en las que el 99 por ciento de las personas consultadas reconoció haber sufrido algún tipo de violencia alguna vez al interior de algún espectáculo.

La trabajadora social y activista Liz Guevara, una de las integrantes del equipo interdisciplinario que lo llevó adelante, supo contar en aquel momento a este medio: “El resultado nos dio que quienes eran más violentades (sic) eran las mujeres y las disidencias sexuales, corporales, étnicas, de clase. El protocolo es completo e integral porque la idea es que les usuaries que van a nuestras producciones disfruten de un espacio cuidado”.

En qué consisten las acciones

El protocolo contempla el uso de palabras clave para usar en caso de algún ataque y prevé, entre otras cosas, el uso libre de los baños según la identidad autopercibida. En el mismo sentido, reformula la idea del “cacheo policial”.

También se intenta resguardar con nombre y apellido las pertenencias que son retenidas en el ingreso para que puedan ser devueltas a la salida y se modifica la idea de “seguridad privada” por el de un equipo compuesto mayoritariamente de mujeres cuyo fin es el “cuidar”.

Todo se acompaña con cartelería de concientización que recuerda que estos espacios están libres de acoso.

Además, ante cualquier acción que pueda considerarse violenta, la idea es que se pueda recurrir a la contención de quienes forman el equipo y no se revictimice a quien denuncia.

Sobre el trabajo que vienen realizando, Guevara asegura que es “de mucha sensibilidad y resistencia”.

Y agrega: “Es muy complejo. Ahora hay algo de conciencia y un compromiso de ciertos espacios, productores y productoras y sobre todo de bandas. Esto es muy importante para que el mensaje llegue”.

Asegura que la difusión de los artistas es clave: “Nosotros promovemos ciertas prácticas de cuidado pero es muy importante que los artistas también se capaciten y exijan en la medida de lo viable que los espacios adhieran a este tipo de prácticas y protocolos. Es importante para que el trabajo sea de red y no algo aislado”.

Es una apuesta a futuro

Meli Franco, productora del festival, dice que erradicar las violencias de estos espacios “es un trabajo constante porque es algo muy nuevo”. Y habla de la importancia de la capacitación de los equipos que trabajan en la noche.

“Es una construcción que se tiene que revisar constantemente. Hoy hay concientización entre productores porque no les queda otra. Es un cambio de paradigma, es un cambio de raíz”, dice.

Y completa: “Son empresas de chabones que tienen una mirada de la vida muy distinta y por eso es una construcción a largo plazo y un trabajo permanente que recién empieza”.

Franco asegura que, si bien los espacios, las músicas y los púbicos pueden cambiar, las problemáticas son casi siempre las mismas.

“No es lo mismo un recital de GRL PWR que una fiesta de Club Paraguay. Nuestro público tiene otro conocimiento, pero en fiestas como la Bresh hay chicos muy chicos con otras problemáticas. Son públicos más ATP y hay que lidiar con todas esas cosas. Es un trabajo constante, es algo muy nuevo y es una construcción que se tiene que revisar constantemente”, cierra.

Por su parte, Guevara suma: “Hay muchas cosas que siguen igual y no cambiaron. Nosotras buscamos alternativas, pero hay estructuras muy grandes y muy rígidas que ordenan las vidas y los espacios de disfrute, placer y entretenimiento. Allí, muchas lógicas siguen igual y hasta más recrudecidas pospandemia”.

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