enero 30, 2023 4:08 pm

Coldplay en cines: una buena experiencia que no supera, afortunadamente, al mundo real

La “Coldplaymanía” que invade el país por su histórica saga de shows en el Estadio de River trajo una situación casi inédita para el mundo del espectáculo: uno de los recitales se transmitió en vivo en cines de todo el mundo. Fue el show del viernes (repetido el sábado), que además contó con el agregado de la presencia de Jin, de la banda coreana BTS, que en Córdoba se proyectó en varias salas de los cines Hoyts y Showcase.

¿Cómo es vivir un recital con una puesta pop technicolor grandilocuente en la oscura frialdad de una sala? ¿El público cantará las canciones, alguien no contendrá las ganas y se parará en su butaca? ¿Habrá euforia y adrenalina?

Lo primero que sí ocurrió fue un interés abrumador por conseguir los tickets, que por cierto no eran baratos ni valía ningún tipo de promo o descuento: 2.500 pesos por butaca. Desde varios días de antelación, todas las salas estaban prácticamente agotadas.

Y el público era una muestra fiel de la transversalidad de la banda de Chris Martin: gente de todas las edades, algo más de mujeres que hombres, muchas fanáticas de la boyband coreana, y muchos baldes pochoclo y gaseosa como para sellar ese crossover del mundo del entretenimiento.

Coldplay y un show en vivo, pero en cine

Tras un breve mensaje grabado en la previa por la banda, un diplomático Chris Martin (a esta altura, el nuevo mejor amigo del hombre, al menos por sus gestos con el público argentino) agradeció a las salas y el público que compró su entrada, aunque cerró con un “ojalá que podamos vernos en carne y hueso en otro momento”.

Luego, otro breve video de concientización sobre las diversas causas ambientales que la banda apoya con esa gira que marca una nueva vara de sustentabilidad, y ahora sí, la hora de la música.

Desde la imagen, la puesta en cines del show de Coldplay es igualmente de arrolladora que en el estadio. Es innumerable la cantidad de cámaras con las que cuentan, el montaje es eléctrico, y la definición, asombrosa.

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El detalle más vertiginoso lo dan las increíbles tomas de un drone, que además permite apreciar la genialidad que son las pulseras lumínicas que le dan al público, convirtiéndolo parte del escenario, un elemento más de esta coreografía pop.

El sonido también es muy bueno, aunque le faltaría algo de volumen y obviamente, la alta definición al tomar el audio directo de la consola le quita ese sabor de la música “en vivo”. Parece, en efecto, un DVD editado en la calma de un estudio más que una transmisión en vivo.

No hay tampoco aplausos ni gritos ni menos aún agite. Hay comodidad, aire acondicionado, butacas mullidas, silencio respetuoso y algunas que otras risas cuando Martin habla en su simpático español.

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¿Cambia esto las reglas de los shows en vivo, reemplaza la experiencia de ir a vivirlo en cuerpo presente? Aunque quizás mi cintura si pudiera me agradecería haber tomado esta opción, vivir el show en un cine está a años luz del “mundo real”, de sentir show en vivo y en directo.

En mi caso, lejos de pensar que ya vi el espectáculo, sólo elevó la frustración de no haber ido a la cancha de River.

Pero, puestos a divagar sobre un potencial futuro cercano, si a la comodidad ya mencionada se le agregara alguna posibilidad inmersiva (un visor de 360, sonido envolvente, la posibilidad de por ejemplo “subirse al escenario” con los músicos), ahí sí quizás la experiencia remota sea lo que alguna vez vaticinó U2 en Even Better Than the Real Thing: “incluso mejor que lo real”.

La Voz

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