diciembre 2, 2023 5:56 pm

“Me atrevo a contarlo”: el largo camino de la denuncia del abuso sexual infantil

M. tiene 16 años, es de Córdoba capital y hace unos días escribió una carta a través de Facebook porque necesitaba sacar de su interior “ese calvario”. La joven agradece estar con vida para poder contarlo, pues no encontraba justicia tras los abusos y violaciones perpetradas por su propio padre cuando tenía 14 años.

“Él abusó de mí sin tener en cuenta que era su hija. No le importó. Y no, no lo provoqué, no me lo busqué, no andaba con ropa apretada”, aclara la joven en una clara respuesta a quienes descreen del real victimario de estos delitos.

La joven se escapó de la casa de su padre en abril de 2020 y en noviembre de ese año pudo radicar la denuncia. “La causa descansó por falta de apoyo. En marzo de 2021 tomé la decisión de dejar de existir para borrar los recuerdos oscuros y dolorosos que (su padre) me obligó a vivir”, continuó con su relato.

Allí fue que llamó a una abogada para constituirse como querellante en la causa y comenzó a avanzar: le permitieron declarar. Su padre fue detenido el pasado 22 de octubre por orden de la fiscalía especializada en Delitos contra la Integridad Sexual a cargo de Ingrid Vago. Ahora M. espera que se haga justicia.

La historia de M. (no figura su nombre para proteger su identidad) es la de tantas adolescentes, niños y niñas sobrevivientes de este delito. Muchos casos han sido noticia en los últimos meses.

El abuso sexual en la infancia siempre tiene consecuencias.

“Es como un golpe en el psiquismo, y la subjetividad de esa persona cambia del carril por el que venía formándose. Puede ir desde un cambio de conducta hasta un trastorno disociativo grave. Puede presentar diferentes sintomatologías y es necesario un abordaje reparador”. Así describe la psicóloga Noe Hinny -a modo general- lo que este delito puede provocar en los niños, niñas y adolescentes que lo padecieron y que se agrava cuando la situación se prolonga en el tiempo con un entorno que no puede leer lo que le ocurre.

Hinny es psicóloga jurídica y forense especializada en primera infancia y trabaja tanto en el ámbito público como privado. Atendió a más de 2.500 víctimas de abuso en 20 años.

Hinny asegura que hay distintos perfiles y personalidades de abusadores. Por un lado está el pedófilo, que solamente tiene su vida sexual solamente con niños y niñas y puede abusar a lo largo de su vida de decenas de niños si se mantiene impune, aunque son los menos frecuentes. Los más comunes son los abusadores intrafamiliares, que tienen otro perfil más asociados a la “doble cara”, que tienen pareja y familia pero que también abusa de niños y que están atravesados por distintas circunstancias, necesidad de dominio y control en un contexto de sociedad patriarcal.

Tanto abogadas, como psicólogas y madres protectoras aseguran que el delito ha adquirido más visibilidad en los últimos años, aunque concuerdan en que se encuentran con cierta obstaculización en la Justicia.

El Ministerio Público Fiscal informó que no tiene cifras actualizadas de denuncias y causas. Pero las fiscales especializadas en la temática en Córdoba aseguran que en la actualidad son más las causas que se elevan a juicio que las que se archivan.

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud dan una dimensión global: uno de cada cuatro niños sufrió abusos en su niñez en Latinoamérica y el 80% de los casos ocurrió en el ámbito intrafamiliar, es decir fue perpetrado por un padre, abuelo, tío o pareja de la madre. En el 90% de los casos el abusador fue un hombre.

El largo camino judicial

Daniela Morales Leanza, abogada de M., también fue abogada de Sathya Insaurralde, la joven que se suicidó en 2020 y por quien condenaron por homicidio a su padre por haberla violado durante seis años. “Cuando tomé el caso de M., desde la figura de abogado del niño, el padre no estaba detenido ni imputado. Sólo tenía una medida de restricción que violaba constantemente y se acercaba a la casa a amenazar, a tirar piedras. Tuve que pelear para que la dejen declarar a M.”, explicó Morales Leanza.

Sucede que, antes de la declaración del niño, niña o adolescente generalmente en la Justicia piden una pericia para comprobar si está apto para hacerlo. “A M. le decían que no estaba apta para declarar porque le podría hacer mal, a pesar de que ella aseguraba que quería declarar. Finalmente pudo hacerlo y a los dos días se detuvo al hombre y se lo imputó por abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores agravado por el vínculo”, dijo la abogada.

“No hay políticas de gobierno en la prevención del abuso sexual infantil y falta visibilización. Creo que falla el sistema judicial que revictimiza a quienes sufrieron abusos y las fiscalías están desbordadas. Las víctimas recurren a las redes sociales, necesitan contarlo. Tenemos que ir al rescate de estos niños y niñas para que no sigan sufriendo”, agregó Morales Leanza.

Natalia Bilbao también es abogada y ha llevado adelante unas 18 causas de abuso en los últimos años. Al igual que Morales Leanza, asegura que en la Justicia hay una “inversión de la carga probatoria”. Lo explica así: “Si denunciás el robo de un tele, la investigación ronda en torno a quién puede haber sido, pero si denuncias un abuso a quien investigan primero es al denunciante, o a su madre y familia”.

“En el proceso hay una falta de creencia en la palabra del niño, una mirada muy adultocéntrica, además de patriarcal en la que la madre de ese niño que denuncia es objeto de sospechas: las tratan de desequilibradas, las acusan de que quieren difamar hombres para sacarles dinero, aplican el síndrome de alienación parental (SAP). Si supieran que no ganan nada, al contrario, se empobrecen por pagar el costo de las denuncias y pericias, y que pierden toda tranquilidad”, agregó Bilbao.

La abogada explicó que en reiterados casos que representó aportaron a modo de pruebas informes psicológicos, dibujos de los niños e informes médicos e indicó que estas pruebas fueron desestimadas: “Lo único que toman es el relato en Cámara Gesell, que es una entrevista de media hora en donde el niño tiene que contar a una persona desconocida lo más íntimo que le pasó. A veces pueden y a veces no. A veces no pueden verbalizarlo en forma explícita y sólo por ello desestiman todas las pruebas que presentamos por fuera. En los informes técnicos me ha tocado leer: ‘No está claro, es dudoso’ y eso basta para que la causa se archive”.

Noe Hinny también asegura que muchos de los informes que presentaba en causas de sus pacientes eran desestimados. Si bien reconoce la dificultad probatoria de estas causas y más cuando los relatos son en la primera infancia, por una cuestión madurativa del niño y su relato, asegura que hay un camino por recorrer para mejorar. “De los mil casos que he atendido, sólo el 20% llegó a condena”, indicó.

En el acompañamiento de los casos, Bilbao aseguran que muchos niños les reclaman a sus madres: “Mamí, ya lo conté mil veces y no me escuchan”. “He tenido causas archivadas de niños que incluso tenían lesiones corporales”, relató.

Además, la abogada explicó que hay muchas cosas que el niño narra desde su cuerpo, su conducta y sus dibujos, que “son imposibles” de implantar. “En esto de las memorias implantadas, puede llegar a haber un ‘quiero ir’ o ‘no quiero ir’. Pero no un abuso sexual infantil que es muy traumatizante, muy terrible”, explicó.

Una luz de esperanza

En las últimas décadas el delito del abuso sexual infantil ha adquirido más visibilidad. Las especialistas aseguran que la implementación de la ley de educación sexual integral permitió sacar la temática del tabú y empoderar a niños y padres.

“Lo que he notado en los últimos años es que ha bajado tres años la edad promedio del primer abordaje por abuso sexual. Ahora tenemos muchos niños de 4 ó 5 años que pueden hablar de un abuso intrafamiliar y esto se da porque ya están advertidos por el colegio y por la visibilización social. Generalmente cuando estos niños pequeños hablan, surgen que otros primos o hermanos más grandes también dicen que fueron víctimas de la misma persona”, explicó Hinny.

En relación a la cantidad de casos, indicó que no se puede saber si hay más o no, pero que esto siempre existió solo que ahora los niños tienen más herramientas para contarlos y un entorno que les cree y los acompaña. “Cuando los casos se dan dentro de instituciones como educativas, religiosas, deportivas, las reacciones suelen ser en forma corporativa y dificultan la investigación pero hoy los padres y madres están más empoderados y saben que son sujetos de derecho”, agregó Hinny.

Hinny también reconoce que la última década han aumentado las ayudas estatales y las contenciones, aunque aún falta camino por recorrer. “Creo que las carreras de psicología, trabajo social y derecho tendrían que tener como materia obligatoria el abuso sexual infantil. Se tiene que incorporar la temática en la formación de grado de los profesionales”, destacó.

De la experiencia personal a la colectiva

Florencia B. es una de las mamás que creó el grupo Infancias libres de violencias en 2015 en el que se reúnen madres y padres de niños abusados con el objetivo de hacer un acompañamiento mutuo y generar actividades para visibilizar la problemática.

Pidió preservar su apellido para no revictimizar a su hija, que fue víctima de abuso en un colegio del centro de Córdoba.

“Las madres llegan a la organización después de ver una absoluta incomprensión en la justicia y de sentir la violencia con la que les responden. Muchas llegan angustiadas y hay mucha sumisión y luego estallan -al no avanzar la causa- cuando la justicia obliga a esos niños a revincularse con su padre, que en muchos casos es el abusador”, explicó Florencia.

“Creo que además de ser una justicia patriarcal y adultocéntrica que no le cree a los niños, también hay encubrimiento de redes de trata y de pedofilia en las instituciones”, aseguró Florencia.

Desde la organización advierten que hay pocos abogados que son quienes se enfrentan ante el sistema y trabajan con compromiso y también nota la falta de profesionales de la psicología especializados en esta temática en general.

“Las mamás nos fortalecimos juntas, somos quienes estamos conteniendo a nuestros hijos del trauma que les genera, lo vemos en carne viva a diario, también nos pagamos nuestras propias terapias, seguimos los trámites en la justicia y tenemos que seguir trabajando y atendiendo a otros hijos”, explicó la mujer en relación al agotamiento que implica.

También reconoció que la temática adquirió más visibilización con el advenimiento del feminismo, que también hace hincapié en el cuidado del cuerpo y en las infancias. Y marca que cuando hay marchas o se hacen públicas ciertas denuncias ayudan a su resolución.

En su caso en particular espera que la causa de su hija avance. “Conozco 50 niños abusados en ese mismo colegio, pero solo 16 hicieron la denuncia. La causa fue archivada por la fiscal y apelamos ante el juez de control que nos dio la razón y ordenó volver a investigar. Desde 2018 no ha habido avances”, explicó.

Qué hacer

Hinny asegura que es primordial la protección del adulto cuando el niño habla: “Si para nosotros es difícil el camino, imaginate para un niño. Es importante que ese acompañamiento se sostenga a lo largo del tiempo y no se caiga, por eso la mamá o quien acompañe debe también hacer terapia y encontrar apoyo en otros familiares, en organizaciones o en lo que crea para no caerse”, añadió.

“Es primordial que desde un inicio se evite por todos los medios el contacto con el presunto abusador. Por más que no haya prueba suficiente; desde la psicología no podemos trabajar si el niño mantiene contacto con el abusador”, explicó.

“Hoy tenemos una sociedad más preparada para receptar estos relatos y eso es bueno, porque los niños se están animando a hablar y debemos seguir avanzando para poder acompañar y proteger a los sobrevivientes de abuso”, concluyó Hinny.

Qué dicen desde las fiscalías

En Córdoba capital funcionan dos unidades judiciales y dos fiscalías especializadas en delitos contra la integridad sexual, a cargo de Alicia Chirino (turno 1) e Ingrid Vago (turno 2).

Al ser consultada sobre el abordaje de los casos de abuso infantil, Vago indicó que en los abusos “la prueba fundamental es el relato de la víctima que, como sostiene la jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia y la Corte Suprema, es suficiente para acreditar con certeza un hecho delictivo de esta naturaleza en la medida en que resulte fiable y si va acompañada de indicios unívocos o prueba indirecta”.

“Nuestra función es obtener ese relato, preservarlo y analizarlo –en primer lugar con prueba científica como es la pericia psicológica– y luego sostenerlo con el resto del material probatorio que se incorpore, para llegar a la instancia del juicio. Algunas causas en las que no logramos el grado de convicción que se requiere para elevar una causa a juicio se dispone el archivo (resolución que no siempre cierra definitivamente el proceso) y respecto de la cual la víctima tiene derecho a recurrir y esa medida es controlada por un juez”, explicó Vago, quien dio cuenta de que cada caso es muy variado y tiene su propia complejidad.

La fiscal aclaró también que actualmente las causas elevadas a juicio son más que las archivadas. “Y las condenas logradas, en la mayoría de los casos, supera los diez años de prisión”, precisó.

“Desde hace unos años el foco está puesto primariamente en la protección de la víctima. Como Fiscalía formamos parte de una red donde cada uno cumple una función pero siempre con miras al resguardo, la preservación de la intimidad y a procurar la menor revictimización posible”, destacó.

Vago recordó que ante una denuncia de abuso no sólo interviene la Fiscalía (para investigar y acreditar la comisión de un delito) sino también los juzgados de Violencia Familiar y Género, para medidas cautelares urgentes, así como la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf), y también hay intercomunicación con los equipos del Polo de la Mujer, la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito y la Casa del Joven, entre otros.

Alicia Chirino adhirió a las palabras de su colega y aclaró: “Los esfuerzos son siempre insuficientes y no se reflejan en los resultados finales. La lentitud que se critica es parte de la necesaria prudencia que estas investigaciones exigen. Pero la empatía nunca está ausente”, remarcó. “La gente desconoce todo lo que este complejo proceso implica”, concluyó.

La Voz

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