julio 18, 2024 4:51 am

Pese al destrato, el Suquía sigue esperando

Desde hace varios días, las cloacas desbordadas en los barrios Alberdi y Villa Páez, de la ciudad de Córdoba, derivaron en sendas presentaciones ante la Justicia por parte del municipio. Mientras tanto, los vecinos esperan que la obra de saneamiento llegue a su fin, para respirar aliviados. Pero este foco nauseabundo reactivó un problema que arrastra desde hace años la capital cordobesa: la contaminación del río Suquía.

Para dar respuesta a los vecinos, y mientras se investiga qué y cómo generó tamaño desborde, el municipio inició un tratamiento de cloración para mitigar el impacto ambiental del vertedero. Y en este punto se reactivaron las miradas sobre las consecuencias que esto podría tener en la flora y fauna a partir de la contaminación del agua.

La Justicia cordobesa ordenó a la Provincia que mida y determine el nivel de contaminación ambiental del río tras el desborde. Desde la Fiscalía del Distrito 1, Turno 6, se giró un exhorto a la Secretaría de Ambiente para que informe a la brevedad el impacto real del desastre.

Pero este episodio no fue aislado. En el último año y medio hubo otros dos desbordes de magnitud. En San Vicente, los vecinos convivieron varios días con cloacas al aire libre, sin poder salir de sus casas, hasta que se reparó el daño. Sin embargo, los mismos frentistas denunciaron que los líquidos llegaban al río. Lo mismo sucedió ante un hundimiento de calzada que duró varias semanas frente al shopping de barrio Villa Cabrera. También en ese momento, los vecinos aseguraron que las aguas servidas llegaban al cauce.

Estos dos casos, más el ya conocido de Alberdi, sirven para dar cuenta de que la situación de vertidos al río no se origina e impacta en zonas puntuales, sino que atraviesa toda su geografía.

Para esto, algunos datos permiten dimensionar el problema. La Justicia ordenó a la Provincia que rinda cuentas con un informe, el que hoy está en elaboración, porque es la administración provincial la encargada de velar por estos recursos.

Pero al mismo tiempo está en vigencia el decreto municipal 3.260/17 que establece que deben realizarse mediciones en 10 puntos del cauce y a lo largo de la urbanización de Córdoba. Estas muestras, junto con controles de volcamientos, se reactivaron en la gestión de Martín Llaryora para evitar que líquidos de fábricas y conexiones clandestinas lleguen al río.

Sin embargo, las tareas de constatación y remediación no dejan tranquilos a los ambientalistas.

Esta semana, el Foro Ambiental de Córdoba lanzó la consigna “Basta de contaminar nuestro río”. Con aporte de imágenes, denunciaron el estado en el que llegan los líquidos a la Estación Depuradora de Aguas Residuales Bajo Grande, los que son devueltos al río sin tratamiento. “Todos los líquidos cloacales que generamos los cordobeses van directamente al Suquía. Necesitamos que el intendente Llaryora, el juez Hugo Vaca Narvaja, jueces y fiscales actúen con urgencia para que la planta funcione y se juzgue a las anteriores gestiones”, se expresó.

En 2018, La Voz publicó un informe que daba cuenta de que el Suquía encabezaba el triste ranking de ríos más contaminados de Córdoba. Desde su nacimiento en el Valle de Punilla –con la unión de los ríos Cosquín y San Antonio, y de los arroyos Los Chorrillos y Las Mojarras– y hasta su desagüe en la laguna Mar Chiquita, surca 200 kilómetros, aunque su degradación se acentúa cuando ingresa a Córdoba.

Casi 20 años

Entre 1998 y 2002, el Instituto de Diversidad y Ecología Animal realizó un trabajo sobre la cuenca, en el que –ya hace casi 20 años– detectó la contaminación aguas abajo de Bajo Grande, pero observaba la diversidad de peces. Algo clave para los investigadores, porque el impacto sobre la fauna –más allá de los estudios físico-químicos y microbiológicos del agua– ofrece una radiografía clara de la contaminación a largo plazo.

En ese trabajo se especificaba la presencia de mojarras, bagrecitos, limpiafondos, viejas del agua y peces mosquito. Veinte años después, no se encuentran con facilidad.

Sin ningún rigor científico, pero con la ilusión de ver algún pez y sentir que el río vive, vale hacer el ejercicio de mirar unos segundos en el fondo del cauce. “Tuvieron suerte: cuando está nublado, muy cada tanto, se ven viejas del agua”, les dijo una policía a comienzos de semana a una madre y su niño que caminaban por el puente Sagrada Familia.

Unos afortunados, ante tantos años de abandono.

La Voz

Más Noticias