julio 18, 2024 1:54 am

La conmovedora historia de “Cielo de Mantilla” y cómo llegó a ser un himno del chamamé

Con el correr del tiempo, hay canciones que van logrando ingresar en el corazón del público sin demasiadas explicaciones. Es como querer describir los sentimientos: simplemente suceden.

Esto es lo que ocurrió con Cielo de Mantilla, un chamamé escrito por Teresa Parodi y con música de Mateo Villalba en 1988, y que en las últimas décadas se fue convirtiendo en un verdadero himno dentro de un género al que siempre le costó renovar su repertorio de clásicos.

Claro que mucho tuve que ver la interpretación de Rosendo y Ofelia, el entrañable dúo para quien Parodi pensó el tema en su momento. Con el correr del tiempo, cada vez que ambos lo cantaban, comenzó a generarse algo inexplicable en el público: una gran emoción invade a las viejas y nuevas generaciones, muchas veces generando un canto entre lágrimas que le eriza la piel a cualquiera.

Tanto la historia de la canción cómo su evolución a través de los años, son realmente muy emotivas. Y nadie mejor que la propia Ofelia Leiva, integrante de aquel dúo que terminó en 2007 tras la muerte del cantor cordobés, para contarlo.

“Siempre digo que cuando los compositores hacen un tema, nadie sabe que puede ocurrir. En Corrientes se hacía un festival de la Canción Nueva antes de la Fiesta Nacional de Chamamé, para promover nuevas composiciones y así no se repitan siempre los temas de los grandes poetas y músicos que tuvimos en la provincia”, comienza contando la continuadora del legado del dúo.

Llamado de Teresa Parodi

“Un día, esto era en 1988, me llama Teresa Parodi y me dice que había anotado un tema en el festival. ‘Pero solo ustedes lo pueden cantar. ¿Pueden venir?’, me preguntó. Poné la pava que ya vamos, le dije. Nosotros vivíamos en Bernal y ella en Barrio Norte, así que nos cruzamos todo Buenos Aires en ese momento”, narra Ofelia.

La cantante correntina cuenta que en ese momento Parodi les dijo que la música que le había hecho no le había gustado, así que le pidió a Mateo Villalba, gran guitarrista de Curuzú Cuatiá, que le ponga otra música. “Eso muestra su gran humildad. Y mientras Teresa la cantaba, Rosendo ya le iba metiendo los arreglos, porque tenía esa facilidad”, cuenta sobre su compañero de tantos años de vida.

Una señal del destino

“Teníamos que cantarla tres días seguidos en ese festival, pero en el medio pasó algo. Estábamos probando sonido y alguien se acerca y le dice a Rosendo que lo estaban llamando de su pueblo, General Deheza. Había fallecido un hermano de Rosendo, el hermano yuntita, como le decimos nosotros. Era el cantor del pueblo, con el que Rosendo cantaba desde chiquito. Fue un golpe en la pera para el morocho”, explica Ofelia.

A pesar de eso, Rosendo le dijo que esa noche tenían que defender el tema y la palabra que le habían dado a Teresa. “El va entender porque es cantor como yo, a General Deheza iremos después”, recuerda Ofelia que le dijo Rosendo. “Teresa siempre hace ese recordatorio y la agradece haberse quedado. Porque esa noche se encontró con el cura Julián Zini y le cambió la cara. Finalmente, el tema quedó segundo en la competencia. Y si me preguntás cuál quedó primero, no recuerdo. El que quedó en el corazón de la gente fue Cielo de Mantilla”, remata.

El amor por el tema fue creciendo año tras año. “Realmente fue impresionante. Llegábamos a algunos festivales de la provincia de Buenos Aires y nos preguntaban por ese tema. Hoy es el tema. Jamás pensamos que se iba a convertir en semejante himno chamamecero. Yo no me puedo ir del escenario sin cantar ese tema. Lo cantan llorando, los más jóvenes incluso”, señala Ofelia.

Las razones de la emoción

Consultada por las razones, apunta directamente a que la letra que trata temas tan sensibles como el desarraigo, la vida en el pueblo, la relación padre-hijo y la muerte, es una historia real sobre un hombre nacido en la pequeña localidad correntina que se mudó a Buenos Aires y nunca pudo volver.

Ofelia cuenta la historia mejor que nadie: “Teresa se cruzó con una señora que le pidió su atención y le contó la historia de su papá nacido en Mantilla, un pueblo muy chiquito. En sus últimos días, el hombre le había pedido que fuera al pueblo y le trajera un poco de tierra de allí. Su hija le dijo que sí, pero cuando se fue su padre falleció. ‘Le promesa he cumplido’, dice la letra. Y así fue”, resume.

Para cerrar, señala: “Teresa escribió la historia de ese señor y su hija con ese poder de síntesis impresionante que tiene para conmoverte en tres minutos. Por todo eso creo que a la gente le entró en el corazón”.

La Voz

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