julio 14, 2024 9:10 pm

El poncho coscoíno, un símbolo lleno de historias que cumple 55 años

Si hay un símbolo que distingue al Festival de Cosquín por sobre muchos otros, es el poncho coscoíno con su guarda característica que, con los años, se ha convertido en un diseño infaltable en todo lo que tenga que ver con la ciudad de Punilla.

Esa guarda también llamada “coscoína” se puede ver hace años en las puestas del escenario de la plaza, en todo tipo de cartelería y hasta en el portón de entrada del mismo municipio. Toda una marca distintiva.

En cuanto al poncho propiamente dicho, por estos días está cumpliendo 55 años: de su origen como abrigo para los músicos y visitantes pasó a transformarse en el obsequio mayor para personalidades ilustres. Igualmente, cualquiera puede comprar uno en varios de los comercios sobre la avenida San Martín.

La versión veraniega cuesta entre $ 2600 y $ 3000 de acuerdo al local y también se puede adquirir uno más grueso y “pesado”, pensado para el invierno, a partir de $ 4500.

Origen de un símbolo

Cuenta la historia que en los primeros años del festival durante la década de 1960, una maestra coscoína llamada Coloma lucía Coll integraba la Comisión Municipal de Folklore, organizadora del evento. Ella, junto a su esposo Pablo Alegre, eran los encargados del hospedaje de los artistas, muchos de los cuales paraban en la propia casa de Coloma.

Un verano, la docente viaja a un encuentro en Salta para acompañar una delegación de jóvenes artistas de Cosquín: allí observa cómo los salteños usaban los clásicos ponchos rojos con la guarda negra para las noches frescas y a su vuelta decide crear una prenda con esa idea y que fuera representativo de la región.

“Elige para el poncho el color blanco por representar la pureza y para que sea una prenda unisex”, relata Claudio Juárez, quien hace años se desempeña como maestro de ceremonias del festival, donde se lo puede ver con el clásico poncho en uno de sus hombros o cubriendo toda su espalda en el caso de las noches frías como la del pasado jueves.

“Ella plantea el dibujo de una guarda que se repetía en fragmentos de alfarería encontrada acá en la zona. Se tomó ese diseño indígena para plasmar la fuerte ligazón de Cosquín con los pueblos originarios, algo que se vislumbra desde el mismo nombre de la localidad”, agrega “Pipulo”, una verdadera palabra autorizada para hablar del poncho y de la historia del festival.

Pipulo, el “señor-poncho”

El locutor se crió a media cuadra de la Próspero Molina) y pegó su primer grito de “Aquí Cosquín” allá por 2004. Hoy es el embajador itinerante de Cosquín, cargo honorífico que ostenta hace algunos años.

“Ha sido una grata sorpresa que la actual gestión me ofrezca esta función que aclaro es totalmente ad honorem. Incluso ya lo hacía antes de la designación. Adonde voy represento a Cosquín y mi función es difundir la plaza turística y cultural contando su historia y la del festival”, explica Juárez quien coordina charlas, visitas guiadas y es el anfitrión de grandes personalidades.

Para completar el fuerte vínculo de “Pipulo” con la prenda, es clave otro dato: Coloma, fallecida en 2003, fue su madrina y amiga íntima de su madre, quien le regaló su primer poncho cuando él tenía 16 años. Hoy tiene una colección con más de 300 ponchos de diferentes provincias y países que utiliza para dar charlas educativas como embajador cultural.

Los primeros en lucirlo en el festival fueron los integrantes del emblemático grupo Los Trovadores, en 1967, tras ser bendecido por el cura Monguillot, histórico párraco de Cosquín. “Lo llevaron por el mundo como embajadores y luego hicieron un traspaso generacional que se dio hace unos años en el mismo escenario hacia La Callejera, el grupo que es actualmente embajador del poncho coscoíno”, cuenta Juárez.

En cuanto a su decisión de llevarlo puesto al hombro en todas las lunas festivales y en cualquier acto al que sea convocado, señala: “ Cuando empecé a tener trabajo firme en los escenarios comencé a usar el poncho como sello distintivo, es mi forma se expresar mi ser coscoíno. El que utilizo actualmente fue un regalo de mi mamá que lo usaba siempre. Además me crié viendo a Luis Landriscina quien siempre usaba traje y poncho al hombro”.

Quiénes lo recibieron y quiénes no

Como prenda distintiva, el poncho coscoíno ha sido entregado a una larga lista de personalidades muchas de las cuales no visitaron Cosquín. Entre ellas se destacan los papas Juan Pablo II y Francisco y el emperador de Japón, país con el que el festival tiene un histórico vínculo.

Los más recordados son los que sí estuvieron en la Próspero Molina y recibieron la prenda del propio intendente, como Diego Maradona (estuvo en 1996 cuando revolucionó esos días del festival) y Carlos “La Mona” Jiménez, en su esperado regreso de 2018, tres décadas después de la noche de los incidentes de su público por la que fue “desterrado” de Cosquín.

Además, “Pipulo” aporta un dato no tan conocido y muy significativo. “Roger Waters se puso un poncho coscoíno en su último show en Argentina, porque se lo regaló la hermana de un excombatiente de Malvinas”, detalla. El ex Pink Floyd tiene una fundación que financia la búsqueda de personas desaparecidas en conflictos bélicos y su padre murió durante la Segunda Guerra Mundial.

Otra de las historias recientes tiene que ver con Fito Páez, quien se fue de la plaza cuando la comisión tenía todo listo para la entrega en la edición del 2020. “Él y Vicentico fueron los únicos que no lo aceptaron”, señala Juárez, quien marca un contraste con La Renga que sí lo recibió durante un show en la Próspero Molina en 2013.

En el caso del rosarino, la explicación fue que no había sido consultado previamente y él tiene la costumbre de irse rápido apenas terminados sus conciertos. En Cosquín, todos lo vivieron como un desplante de uno de sus máximos símbolos.

La Voz

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