El Talleres de los extremos deberá atender hoy la parte más oscura de su presente. Recibirá a Sarmiento de Junín con la misión de ganar para no quedar último en la Copa de la Superliga. Ese objetivo lo encarará, como lo ha hecho desde los primeros días de marzo, mezclando jugadores consolidados con otros que insistirán en su intento de rendir de acuerdo a las circunstancias.
Esta mixtura acompañó al equipo, tal como sucede con los que deben atender una competencia internacional. A diferencia de otros años, en los que los tiempos y la puntería para acertar con el jugador indicado tenían un alto porcentaje de efectividad, la demora en la designación del entrenador (Ángel Guillermo Hoyos) y la elección de futbolistas que no han tenido una buena respuesta en el césped explican este pobrísimo momento doméstico.
Como consecuencia, la transición Hoyos-Pedro Caixinha generó en el lógico período de conocimiento y adaptación del portugués, algunas actuaciones olvidables, con goleadas incluidas. Es por eso que los hinchas, aun en el último partido del torneo, desearán ver el verdadero valor de algunos refuerzos. Intentarán, además, descubrir en su equipo la dosis de convicción y de bravura que no tuvo, por ejemplo, en la indigerible derrota ante Atlético Tucumán, el fin de semana pasado y que fue remarcada por el director técnico europeo.
Todo esto explica por qué la base de su formación en la Copa Libertadores de América sigue descansando en quienes lo vienen representando, por lo menos, desde la temporada anterior. Ya habituados a los rigores de la alta competencia Guido Herrera, “Rafa” Pérez, Enzo Díaz, Rodrigo Villagra, Juan Méndez y Michael Santos han ayudado a aumentar sus chances de jugar los octavos de final del principal campeonato de clubes del continente. Agregado a ellos, de los recién llegados Federico Girotti se ha adaptado rápido en rendimiento y en actitud, en tanto que de a poco se ha notado una saludable evolución en Matías Esquivel, Gastón Benavídez y Matías Catalán.
A Talleres es inocultable que le duele la ausencia de Diego Valoyes, su principal delantero, su hombre con mayor poder de desequilibrio. Su recuperación podría ser una gran ayuda, si es que el equipo pasa a los octavos de final de la Copa Libertadores, aunque en este último aspecto hay que pronosticar con prudencia. Hasta ahora venció sin duda pero de manera muy apretada a Universidad Católica y a Sporting Cristal, y le hizo un gran partido a Flamengo en el estadio Mario Kempes, tras caer sin atenuantes en el Maracaná. Está en el umbral de clasificar, por lo menos, a los octavos de final de la Copa Sudamericana (sucedería si se ubica en el tercer lugar en su grupo) y con un empate en algunos de los partidos que tiene que jugar en Perú y en Chile tendría el pase a la siguiente fase de la Copa Libertadores al alcance de la mano.
Para lograrla Talleres no deberá claudicar en sus principales valores. El esfuerzo constante y la atención permanente le darán una solidez colectiva que sólo la inspiración brasileña ha podido quebrar, pero que no se atisba en chilenos y en peruanos. A Talleres no le sobra nada, pero lo que tiene lo ha aprovechado. Ese es su mérito, que deja en un segundo plano una campaña local para el olvido.
La Voz


