junio 14, 2024 2:40 am

Miguel, el ganadero de Villarino que logró “estabilizar” un 90% de preñez y destete en medio de la sequía

“Ante la intensificación de los eventos climáticos extremos, es imperioso reflexionar sobre los sistemas ganaderos tradicionales, basados en especies forrajeras anuales”, afirma convencido Miguel Munz, un productor ganadero del partido de Villarino, quien, gracias al acompañamiento del INTA, pudo enfrentar la sequía que afectó a la región con mayor intensidad durante el 2023.

De hecho, gracias al manejo de la oferta forrajera y ajuste de la carga animal, los porcentajes de preñez y de destete se encuentran estabilizados y superan con creces el 90%.

Esto fue logrado debido a una construcción conjunta de conocimientos y saberes, con la combinación que nunca falla: el aporte público-privado.

“Mediante el asesoramiento de la Agencia de Extensión Rural (AER) Médanos hicimos pasturas. Primero, hace ya más de 30 años, sembramos pasto llorón, que hoy sigue en pie y lo cuidamos mediante pastoreo por parcelas y no lo sobrecargamos demasiado”, sostiene Munz.

El productor bonaerense agrega que, “con el tiempo y gracias al asesoramiento del INTA, sembramos mijo perenne y luego dos lotes de agropiro”. En la actualidad, Munz está acompañado por los extensionistas Juan Pablo Vasicek y Rocío Fernández, del INTA Médanos.

EL DESAFÍO DE PRODUCIR CON SEQUÍA

Algunos de estos modelos se basan en disminuir los cultivos anuales tanto para agricultura como para ganadería, en la reducción o erradicación de las labranzas agresivas de los suelos, en perennizar los recursos forrajeros y diversificar las especies como el pasto llorón, el mijo perenne, el agropiro alargado y los pastizales naturales con predominio de flechillas y papoforum, entre otras estrategias.

“Estos recursos forrajeros, de manera asociada y equilibrada, integran la cadena forrajera y son el sustento de la producción de carne de la zona semiárida de la provincia de Buenos Aires”, explicó Juan Pablo Vasicek, del INTA Médanos.

Simultáneamente, el ajuste de la carga animal y sus diferentes categorías, el uso de alambrado eléctrico temporario y permanente, el respeto de los tiempos de descanso que requieren las especies forrajeras y las prácticas de manejo que permiten ordenar el rodeo, son imprescindibles para lograr una producción exitosa sumó el técnico del INTA.

EXPERIENCIA QUE CONTAGIA

En 2023, el sistema ganadero de Munz se mantuvo estable, aun en contextos de bajas precipitaciones. La hacienda se conservó en estado óptimo con bajos costos de alimentación y destacados índices productivos. Desde hace años, los porcentajes de preñez y destete se encuentran estabilizados y superan con creces el 90%.

“Lo sorprendente y destacado de 2023 fue el incremento en la carga animal y la producción de carne por hectárea en relación con años previos”, relata Vasicek.

En este sentido, la carga animal promedio se ubicó en 0,43 equivalente a vaca por hectárea y la producción de carne alcanzó los 84 kilos por hectárea, cuando históricamente estos números se ubican en 0,35 equivalente a vaca por hectárea y 63 kilos por hectárea, respectivamente.

Hernán, el productor que con la ganadería quiere imitar a la naturaleza

Este incremento en la productividad se explica por un cambio de manejo en el sistema -que históricamente comercializaba la totalidad de la producción de terneros al destete- y en 2023 pudo recriar y engordar el destete.

Este proceso fue netamente pastoril, a través del aprovechamiento de pastizal natural y verdeo de avena de resiembra natural”, añade Rocío Fernández, del INTA Médanos.

En diciembre retornaron las lluvias con 115 milímetros y dieron fin a varios meses de sequía. El año 2023 totalizó con 372 milímetros, muy por debajo de la media anual, ubicada alrededor de los 500.

Según Vasicek, “las especies forrajeras megatérmicas perennes como el pasto llorón, el mijo perenne y la papoforum fueron las más favorecidas, respondieron rápida y favorablemente a los 115 milímetros”.

Con anterioridad a las precipitaciones de diciembre 2023, el pasto llorón, con antigüedad mayor a 30 años, se utilizó principalmente para vacas de cría con ternero al pie. Su crecimiento estaba limitado, pero a pesar del estrés hídrico todavía respondía.

“Esta especie perenne cultivada es la de mayor rusticidad y productividad en Villarino”, afirma Fernández. Y Munz complementa: “En enero de 2024 rebrotó el pasto llorón que permitió al rodeo de cría continuar en estado óptimo”.

ADAPTARSE A LO IMPENSADO          

Las especies anuales de otoño, invierno y primavera, verdeos de invierno y especies naturalizadas como raigrás anual, abrepuño amarillo, cebadilla, trébol de carretilla, alfilerillo, entre otras, habían finalizado su ciclo sin ofrecer volumen de forraje.

Por lo tanto, prosperaron especies estivales anuales y perennes de limitado o nulo uso forrajero como flor amarilla, revienta caballo y cardo ruso.

A noviembre de 2023, antes de los 115 milímetros de diciembre, los campos estuvieron sin oferta forrajera y expuestos a erosión eólica. Luego, en enero de 2024, en varios lotes, se produjo un crecimiento explosivo de flor amarilla, de poco uso forrajero.

“En este campo nos iniciamos con mi familia hace 45 años, sembrando ajo en una quinta”, rememora Munz. Y completa: “Mi familia era quintera.  Después el suelo dejó de responder con el ajo y, ¿qué hicimos?, empezamos a criar algunas vacas”.

La sustentabilidad es un aspecto clave en el manejo de su producción. “La idea que aprendí es a no mover más el suelo de los campos porque si no se los lleva el viento, los ventarrones vuelan la arena y van tapando los alambrados, ese deterioro los vuelve improductivos”, continúa Munz.

El productor ganadero, es consciente de todo su trabajo pero sabe que el esfuerzo debe continuar: “Estamos de pie por dar un poquito de bolilla a este modo de producir. Estamos en este campo hace más de 4 décadas y acá pensamos seguir”, concluye.

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