

Gabriel Domper es miembro de la Regional Aapresid Las Encadenadas y produce en la zona de Saavedra y Coronel Suárez, donde cada campaña es un equilibrio fino entre potencial y riesgo.
“Acá no sobra nada. Por eso, equivocarse en la cosecha cuesta caro”, resume.
Durante años, el momento de entrar al lote a cosechar se definía con recorridas, experiencia y algo de intuición.
“Hoy estamos incorporando plataformas digitales que nos permiten monitorear cómo evolucionan los cultivos, lote por lote, y saber cuál es el momento justo para entrar a cosechar. El objetivo no es reemplazar la recorrida, sino afinarla. Sabemos dónde mirar y cuándo”, explica.
Y eso cambia todo porque “ahora podemos anticiparnos: anticipar al contratista, la logística, a los problemas de humedad que después aparecen en la balanza”, explica Domper.
LA HUMEDAD SE ANALIZA DESDE LA “NUBE”
En lugar de esperar a que el grano esté seco para recién entonces mover la cosecha, los datos permiten leer el proceso antes. ¿Como?
“La plataforma digital nos permite estimar el índice de agua (NDMI) de los cultivos. Así, cuando vemos que la humedad empieza a bajar de manera pareja avisamos al contratista con varios días de anticipación”, cuenta. La máquina llega a tiempo. El trabajo fluye.
La información también ayuda cuando el lote no es uniforme, una situación frecuente después de campañas exigentes.
“Hay sectores que se entregan antes que otros. Si entrás sin mirar eso, el riesgo de un camión rechazado es alto”, señala.

Con los mapas sobre la mesa, las decisiones se ordenan: parte va directo a camión, otra se embolsa para emparejar. Menos improvisación, menos descuentos.
UNA MIRADA FEDERAL
Otro testimonio al respecto es el de Martín Lahitte, miembro de la Regional Aapresid Mar del Plata – o Juan Manuel Fangio, como ellos prefieren nombrarla -, que trabaja en el sudeste bonaerense, el sudoeste y el centro-este de Córdoba, donde las campañas muestran realidades muy distintas.
“En el sudeste venimos bien; en el sudoeste, el girasol sintió el corte de lluvias”, describe. En todos los casos, el momento de cosecha define el resultado.
“Hace años que trabajamos con los mismos contratistas, y el diálogo es clave”, explica. En ese camino, el seguimiento digital se volvió un aliado estratégico.
A través de imágenes satelitales, Lahitte puede seguir la evolución de la humedad de los cultivos y priorizar lotes. “No te dice qué hacer, pero te ordena la cabeza”, repasa.
En este marco, remarca que la recorrida de los lotes sigue siendo fundamental; pero ahora es más precisa. “No caminamos por caminar. Vamos donde el dato nos dice que hay que mirar”, agrega.

En un contexto donde la logística a puerto, los tiempos y los costos pesan cada vez más, llegar con el grano en condición es parte del negocio.
Así, estos productores de Aapresid encontraron en las herramientas digitales algo más que mapas: encontraron previsibilidad.


