
En un mundo saturado de “dietas milagro” y restricciones extremas, la tendencia en nutrición está dando un giro de 180 grados. Ya no se trata de qué alimentos prohibir, sino de cómo integrarlos de manera inteligente en nuestra rutina. Recientemente, las nutricionistas Pau Borrescio y Laura Romano, del equipo de Senda, compartieron una visión refrescante sobre tres de las dudas más frecuentes en consulta: el pan, las milanesas y los famosos “detox” post-vacaciones.
Pan y milanesas en la dieta, ¿sí o no?
La respuesta corta es un rotundo sí, pero con matices. Según Borrescio, el error más común es pensar que para bajar de peso hay que eliminar el pan por completo. “El problema no está en el pan”, asegura la especialista. La clave reside en tres pilares fundamentales: la cantidad, la calidad y el acompañamiento.
No es lo mismo consumir una rodaja que tres, ni optar por un pan blanco ultraprocesado en lugar de uno de masa madre, con semillas o harina integral. Estos últimos no solo aportan fibra y nutrientes, sino que generan una mayor sensación de saciedad, evitando el picoteo posterior. Además, el acompañamiento es vital: cambiar la manteca o el dulce de leche por opciones proteicas o grasas saludables como huevo, palta, ricota o hummus transforma por completo el impacto nutricional de la comida.
En cuanto a las milanesas, un clásico de la mesa argentina, la nutricionista desmitifica su prohibición. El enfoque debe estar en la variedad y en la composición del plato. Para que una milanesa sea una opción equilibrada, lo ideal es acompañarla con una buena porción de vegetales variados. Un “truco” de experta para mejorar su perfil nutricional es sumar avena o semillas al rebozado; esto ralentiza la digestión de los carbohidratos y aumenta la saciedad.
El mito del “detox” y la importancia de la constancia
Otro punto crucial abordado es el comportamiento tras los excesos de las vacaciones. La recomendación es clara: evitar las restricciones extremas. El cuerpo no necesita un “jugo mágico” para limpiarse, sino retomar los hábitos saludables: volver a entrenar, hidratarse correctamente y respetar las porciones habituales.
En conclusión, la nutrición moderna se aleja de los alimentos aislados y se enfoca en el patrón alimentario integral. No es un solo alimento el que “arruina” o “salva” una dieta, sino la constancia y la capacidad de sostener estos hábitos en el tiempo. Como bien señalan las expertas, el secreto no es dejar de comer lo que nos gusta, sino aprender a comerlo de forma inteligente.
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