agosto 19, 2026 3:54 am

Tecnología y conectividad: la otra “brecha” que busca reducir el campo para ganar productividad

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En los últimos años, hay un concepto que se ha instalado con fuerza a la hora de analizar las falencias productivas que a menudo aparecen para el campo argentino: el de las “brechas de rendimiento”. 

Se trata de la diferencia entre lo que están rindiendo en promedio los lotes en Argentina con respecto al máximo que podrían alcanzar, si se mejoraran algunas prácticas agronómicas y la inversión en insumos y tecnología.

En esa línea, se inscribe otra “brecha” que también impacta en la productividad: la digital.

Puntualmente, la conectividad aparece cada vez más como una pieza clave para aprovechar el potencial tranqueras adentro. No se trata solamente de tener acceso a Internet, sino de generar las condiciones para captar, transmitir y gestionar datos en tiempo real, transformándolos en información útil para tomar mejores decisiones.

Cabe recordar también que, en los últimos años, el sector comenzó a poner mayor foco no solo en la cantidad, sino también en la calidad, la sustentabilidad y la trazabilidad. Estos conceptos dejaron de percibirse como objetivos lejanos gracias a la incorporación de tecnologías (algunas ya maduras, otras emergentes) que permiten responder a demandas crecientes por parte de consumidores finales, industrias procesadoras, cadenas de alimentos y mercados internacionales.

LA BRECHA TECNOLÓGICA Y LA MIRADA DE UNA GIGANTE DE LAS TELECOMUNICACIONES

Ese fue uno de los ejes que planteó Tomás Liceda, Agribusiness Manager de Personal Tech, durante el Congreso Aapresid.

“Lo que vinimos a conversar con los productores tiene que ver con esto de achicar la brecha tecnológica en el sector productivo, a partir de la conectividad como habilitante de la adopción de tecnología, bajo la premisa de buscar más eficiencia”, sentenció Liceda, en diálogo con Infocampo.

Para el ejecutivo, el desafío pasa por entender primero las necesidades del productor y, a partir de allí, encontrar qué herramientas pueden aportar eficiencia al negocio.

No es que necesito más datos, pero sí quiero tenerlos en el momento justo en que tengo que tomar una decisión”, resumió.

El objetivo no es incorporar tecnología por sí misma, sino hacerlo con un propósito claro: optimizar costos, mejorar indicadores clave, garantizar trazabilidad y aumentar la competitividad en mercados cada vez más exigentes.

SENSORES DE SUELO

En este marco, cabe destacar que la conectividad es el primer habilitador de este proceso; pero contar con conexión en el campo, en una planta industrial o en un puerto, aunque es una condición necesaria, no es suficiente.

A partir de allí comienza la digitalización: la captura de datos mediante sensores, drones, imágenes satelitales o estaciones meteorológicas, que luego se transforman en información valiosa para la toma de decisiones en tiempo real.

Este ecosistema de información es el que hoy permite avanzar hacia modelos de agricultura de precisión, incorporar soluciones basadas en inteligencia artificial e IoT, potenciar la automatización mediante robótica, fortalecer la trazabilidad de los procesos y acompañar esquemas productivos cada vez más sustentables y regenerativos.

La conectividad, un insumo tan clave como la semilla en la nueva era digital del agro

Así, entre las herramientas que ya están ganando espacio aparecen los sensores de suelo, capaces de medir variables como temperatura, humedad y conductividad eléctrica. La posibilidad de contar con información actualizada sobre el ambiente permite ajustar labores y aplicaciones según las condiciones reales del lote.

“Si tengo la información del ambiente, del suelo y del cultivo con la frecuencia que yo quiero, puedo decidir cuándo aplicar un fitosanitario o cuándo hacer determinada labor”, explicó el especialista en el encuentro técnico que tuvo lugar en Rosario del 4 al 6 de agosto.

En este esquema, la conectividad funciona como el habilitante para que esos datos lleguen a tiempo y puedan convertirse en decisiones concretas. El objetivo final es usar de manera más eficiente los insumos y los recursos, desde semillas y fertilizantes hasta fitosanitarios.

TECNOLOGÍA SIN IMPORTAR LA ESCALA

Liceda también puso el foco en un concepto que, según explicó, todavía necesita derribar algunos prejuicios: la tecnología no es patrimonio exclusivo de los grandes establecimientos agrícolas.

“Uno puede ser eficiente y elegir lo mejor independientemente de las hectáreas”, sostuvo. En ese sentido, señaló que las soluciones digitales también tienen un amplio campo de aplicación en producciones intensivas, como los cultivos frutihortícolas, donde la inversión por hectárea puede ser muy superior a la de los cultivos extensivos.

 

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La misma lógica se traslada a la ganadería, donde comienzan a multiplicarse herramientas vinculadas con la digitalización y la automatización.

Entre ellas mencionó los cercos virtuales mediante collares, el monitoreo de los animales y el uso de drones para contar hacienda y estimar su peso.

DRONES QUE YA MUESTRAN UN AHORRO CONCRETO

Uno de los casos que destacó ocurrió en Entre Ríos, donde se utilizaron drones para realizar el conteo de animales y estimar su peso, con un margen de error cercano al 3%.

Además de aportar información, la tecnología permitió resolver un problema operativo concreto: evitar el traslado de miles de animales hasta una balanza, especialmente durante jornadas de altas temperaturas.

Liceda explicó que el sistema permite reducir el estrés y las pérdidas de peso asociadas al movimiento de la hacienda, pero también medir el impacto económico de la innovación.

Hemos comparado un equipo de gente contando 5.000 y pico de cabezas y pesándola versus hacerlo con drones y llegamos a un ahorro concreto de plata”, señaló.

UNA CADENA MÁS CONECTADA PARA COMPETIR

Durante su participación en el panel “La transformación digital cómo insumo para la cadena agroindustrial”, junto a representantes de compañías como Cargill y Bayer, Liceda amplió la mirada y planteó que el desafío tecnológico no alcanza solamente al productor individual.

“Los que vendemos productos hacia el mundo somos los argentinos”, afirmó, al remarcar que la competitividad depende de que toda la cadena pueda responder a las exigencias de los mercados internacionales.

En ese sentido, consideró que generar espacios de intercambio entre productores, ganaderos, empresas de tecnología e insumos y el resto de los actores de la cadena es fundamental para achicar la brecha tecnológica.

La conectividad, en definitiva, aparece como el punto de partida para que los datos dejen de ser solamente información acumulada y se conviertan en una herramienta concreta para producir mejor y hacer más eficiente el negocio.

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