

Durante enero de 2026, un equipo científico recorrió establecimientos agrícolas vinculados al Movimiento CREA en Córdoba, Buenos Aires y La Pampa con el objetivo de analizar cómo la incorporación de paisajes multifuncionales impacta en los sistemas productivos.
El trabajo, publicado por el sitio Contenidos CREA, forma parte de una línea de investigación que busca medir los beneficios ambientales, productivos y sociales derivados de integrar biodiversidad en el diseño de los campos.
La recorrida, según una nota publicada en el sitio de Contenidos de CREA, fue realizada por especialistas del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD), dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro.
El relevamiento se llevó adelante entre el 7 y el 24 de enero, en el marco de un programa financiado por el Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (FONTAGRO), que involucra sistemas productivos de Argentina y Uruguay.
Las evaluaciones incluyeron establecimientos CREA que vienen incorporando corredores biológicos y parches de vegetación natural cercanos a los lotes agrícolas. Estas intervenciones se desarrollan con asesoramiento técnico especializado y buscan potenciar servicios ecosistémicos claves para la producción.
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En cada predio se relevaron distintos indicadores vinculados a biodiversidad, incluyendo insectos beneficiosos y perjudiciales, vegetación asociada y su interacción con los cultivos. Los monitoreos se realizaron tanto dentro de los corredores biológicos como en áreas productivas, permitiendo comparar la dinámica ecológica entre ambos ambientes.
CORREDORES BIOLÓGICOS PARA REVERTIR PAISAJES HOMOGÉNEOS
La investigadora Paula Zermoglio, doctora en Biología e integrante del IRNAD, explicó que uno de los principales problemas ambientales de la agricultura moderna es la simplificación del paisaje productivo.
“Una de las principales problemáticas ambientales tiene que ver con la homogeneización del paisaje, que viene acompañada por una gran pérdida de biodiversidad y de las contribuciones que esa biodiversidad aporta”, sostuvo.
Según la especialista, el objetivo del proyecto es promover sistemas productivos basados en la diversidad de ambientes y especies. “La idea es llevar a cabo una transición hacia formas de producción basadas en biodiversidad y en la diversidad de ambientes dentro del paisaje”, afirmó.
La implementación de paisajes multifuncionales busca, así, generar procesos de intensificación ecológica. Entre sus principales beneficios se destacan la mejora en la polinización y el fortalecimiento de poblaciones de enemigos naturales que actúan como controladores biológicos de plagas.

Además, Zermoglio destacó impactos positivos en el manejo de malezas y la calidad del suelo. “Hay mejoras en el suelo, porque se mantienen ambientes más ricos en nutrientes, y también se favorece la mesofauna, que interviene en el ciclado de nutrientes”, remarcó.
También señaló que estas estrategias generan beneficios sociales y paisajísticos, al reducir la dependencia de insumos externos. “Es un abordaje integral”, sintetizó.
Respecto al vínculo con los productores, la investigadora subrayó el interés creciente por evaluar estos rediseños. “La predisposición es muy buena. Hay mucho entusiasmo por entender qué efectos reales tienen en sus campos los cambios que están implementando. Es un ida y vuelta constante”, afirmó.
CÓMO SE MIDE EL IMPACTO DE LA BIODIVERSIDAD
Los monitoreos incluyen diversas metodologías para evaluar la dinámica ecológica. Para estudiar polinizadores, los investigadores utilizan trampas cromáticas ubicadas en corredores y en el interior de los lotes, a distintas distancias.
“Para la vegetación, utilizamos cuadrantes para medir cuántas especies hay y los niveles de cobertura de cada una. Además, analizamos los bancos de semillas y las distancias a los hábitats naturales para entender la dinámica de dispersión”, explicó Zermoglio.
Los relevamientos se repiten durante varios años, con muestreos en diferentes estaciones. “Los cambios ecológicos no son instantáneos. La biodiversidad no reacciona de manera inmediata a los cambios en el paisaje, por eso necesitamos monitorear en el tiempo cómo se van asentando estos nuevos ambientes”, señaló.
MALEZAS: EL ROL DE LOS CORREDORES BIOLÓGICOS
Otra línea de investigación está liderada por Daniela Ortiz, ingeniera agrónoma y doctora en Biología, quien analiza la influencia de los corredores biológicos sobre las malezas dentro de los lotes agrícolas.
“Estoy analizando cómo los corredores biológicos influyen en la diversidad y en la dinámica de las malezas dentro de los lotes”, explicó la investigadora, quien detalló que los estudios comenzaron con relevamientos en 2025 y continúan ampliándose en nuevos establecimientos.
Los corredores se diseñan a partir de información productiva y ambiental, incluyendo mapas de ambientes, estudios de suelos y datos satelitales. Esto permite identificar sectores con bajo costo productivo donde se pueden implantar mezclas de especies que favorezcan la biodiversidad.
“Se diseñan buscando ciertas características, como la presencia de flores atractivas para polinizadores, para fomentar distintos servicios ecosistémicos y, en el mediano plazo, contribuir a la productividad de los cultivos”, explicó Ortiz.
El análisis contempla mediciones dentro del corredor, en zonas de transición y hacia el interior de los lotes. Allí se evalúa la cobertura de especies beneficiosas y malezas, incluyendo algunas de alto impacto agronómico como rama negra o yuyo colorado.
BANCO DE SEMILLAS Y DISPERSIÓN
El estudio también incorpora el análisis del banco de semillas del suelo, una herramienta que permite anticipar la presión de malezas en los sistemas agrícolas. “Eso nos permite estimar cuál es la carga de semillas de malezas en el suelo y cómo se vincula con la cercanía a los corredores”, explicó Ortiz.
Para evaluar la dispersión, el equipo instaló trampas en 132 puntos distribuidos entre corredores y lotes productivos. “Son pequeñas alfombras de césped sintético que retienen las semillas que vuelan o son dispersadas por otros agentes”, describió.
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Posteriormente, las muestras son analizadas en laboratorio para identificar especies y estimar densidades a escala de hectárea. “Nos focalizamos en las malezas más problemáticas, que ya están caracterizadas por la morfología de sus semillas, para poder cuantificar su presencia y distribución”, agregó.
Ortiz señaló además que los corredores pueden influir en la diversidad genética de las malezas. “El hecho de que haya más diversidad genética ayuda a que las malezas no generen resistencia, o al menos que tarden más en hacerlo”, aseguró.
CARACTERÍSTICAS DE LOS CORREDORES BIOLÓGICOS
En paralelo, el ingeniero agrónomo Bautista Villanueva estudia cómo la estructura de los corredores influye en los servicios ecosistémicos y en el rendimiento de los cultivos.
“Mi tesis se enfoca en analizar cómo la configuración de los bordes vegetados o corredores biológicos puede influir sobre servicios ecosistémicos como la polinización y el control de plagas, y también sobre el rendimiento”, explicó.
El investigador analiza variables como ancho, longitud y conectividad de los corredores, combinando datos productivos y métricas de paisaje. “Buscamos responder cuál es el ancho óptimo de un corredor biológico para promover estos servicios ecosistémicos”, señaló.
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Los estudios también evalúan el grado de agregación y segregación de áreas naturales dentro del paisaje productivo. “Queremos entender cómo esas configuraciones del paisaje se traducen en cambios en polinizadores, controladores de plagas y, finalmente, en el rendimiento”, agregó.
Villanueva destacó que el enfoque apunta a complementar el uso de insumos con procesos naturales. “La diversidad en los sistemas productivos es clave. La idea es que los productores puedan suplementar tecnologías basadas en insumos, como herbicidas o insecticidas, con procesos ecosistémicos que brinda la naturaleza”, concluyó.



